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¿Qué convierte a los escépticos en creyentes?

Los hechos históricos prueban que Jesús vivió, murió y resucitó!

Josh McDowell una vez pensó que Dios y Jesús eran falsos, y que el cristianismo era para personas ignorantes. Entonces, ¿cómo terminó convirtiéndose no solo en un cristiano, sino en uno de los principales apologistas del mundo? Durante más de 50 años, ha estado demostrando que todo es cierto. Irónicamente, fue en la universidad, cuando se estaba burlando de un grupo de cristianos y lo desafiaron a demostrar que ellos estaban equivocados. “¡No hay problema!” pensó. “Pan comido. “Pero meses después, después de haber investigado intensamente una montaña de documentos históricos en toda Europa, tuvo que admitir que los hechos mostraban que Jesús realmente vivió, murió y resucitó. Y si eso era cierto, Dios tenía que SER real.

Nuestro DESAFÍO para ti: ¿considerarás también mirar los hechos?

La Biblia

El cristianismo cree y enseña que sólo la Biblia es la Palabra de Dios revelada. Aunque fue escrito por hombres, el autor final fue Dios Todopoderoso. Esta afirmación no fue inventada por la Iglesia, sino que es la afirmación que la Biblia hace por sí misma.

“La palabra del Señor permanece para siempre” (1 Pedro 1:25, MLB) [The Modern Language Bible], “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16, MLB). “Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:21, NVI).

En más de 2000 ocasiones, solo en el Antiguo Testamento existen cláusulas como: “Y Dios habló a Moisés”, “la palabra del Señor vino a Jonás” y “Dios dijo”. Además, la Biblia afirma ser un registro de las palabras y obras de Dios, por lo que la Biblia se ve a sí misma como la Palabra de Dios.

El mero hecho de que la Biblia afirma ser la Palabra de Dios no prueba que lo sea, porque hay otros libros que hacen afirmaciones similares. La diferencia es que las Escrituras contienen evidencia convincente de que son la Palabra de Dios.

Una de las razones por las que la Biblia es diferente de otros libros es su unidad. Aunque este libro fue compuesto por hombres, su unidad revela la mano del Todopoderoso. La Biblia fue escrita durante un período de aproximadamente 1,500 años por más de cuarenta autores humanos diferentes. Estos autores provenían de una variedad de orígenes, incluidos Josué (un general militar), Daniel (un primer ministro), Pedro (un pescador) y Nehemías (un copero).

Los autores de los diversos libros escribieron en diferentes lugares, como el desierto (Moisés), la prisión (Pablo), el exilio en la isla de Patmos (Juan). Los escritos bíblicos fueron compuestos en tres continentes diferentes (África, Asia y Europa) y en tres idiomas diferentes (hebreo, arameo y griego).

El contenido de la Biblia trata de muchos temas controvertidos. Sin embargo, la Biblia es una unidad. De principio a fin, hay una historia que se desarrolla del plan de salvación de Dios para la humanidad. Esta salvación es a través de la persona de Jesucristo (Juan 14:6).   Jesús mismo testificó que Él era el tema de toda la Biblia.

Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. . . . Porque si vosotros creyeseis a Moisés, creeríais á mí; porque de mí escribió él. Y si á sus escritos no creéis, ¿cómo creeréis á mis palabras? (Juan 5:39, 46, 47, RVA).

En otro lugar: “Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían. (Lucas 24:27, KJV; ver también Lucas 24:44).

El Antiguo Testamento es la preparación (Isaías 40:3). Los evangelios son la manifestación (Juan 1:29). El Libro de los Hechos es la propagación (Hechos 1:8). Las Epístolas dan la explicación (Colosenses 1:27). El Libro del Apocalipsis es la consumación (Apocalipsis 1:7). La Biblia es toda acerca de Jesús.

Toda la Biblia es una unidad, y cada parte necesita que las demás estén completas. El Dr. W. F. Albright lo expresa de esta manera: "Para los escritores del Nuevo Testamento, la Biblia hebrea era Sagrada Escritura y ellos eran los herederos directos de sus profetas. En consecuencia, es imposible entender el Nuevo Testamento sin reconocer que su propósito era complementar y explicar la Biblia Hebrea.

"Cualquier intento de volver a las fuentes del cristianismo sin aceptar toda la Biblia como nuestra guía está condenado al fracaso" (citado por Roger T. Forster y V. Paul Marston, [That's a Good Question], p. 67).

Para que nadie piense que esto no es algo maravilloso, nos gustaría darle este desafío. Encuentra diez personas de tu área local con antecedentes similares, que hablen el mismo idioma y que sean básicamente de la misma cultura. Luego sepáralos y pídeles que escriban su opinión sobre un solo tema controvertido, como el significado de la vida.

Cuando hayan terminado, compara las conclusiones de estos diez escritores. ¿Están de acuerdo el uno con el otro? Por supuesto que no. Pero la Biblia no constaba simplemente de diez autores, sino de cuarenta. No fue escrito en una generación, sino en un período de 1.500 años; no por autores con la misma educación, cultura e idioma, sino con una educación muy diferente, muchas culturas diferentes, de tres continentes y tres idiomas diferentes, y finalmente no solo un tema, sino cientos.

Y sin embargo, la Biblia es una unidad. Hay una armonía completa, que no se puede explicar por coincidencia o colusión. La unidad de la Biblia es un fuerte argumento a favor de su inspiración divina. La unidad de las Escrituras es solo una de las muchas razones que apoyan la afirmación de la Biblia de ser la Palabra divina de Dios. Otras razones que podrían explicarse en detalle son el testimonio de la iglesia primitiva, el testimonio de la historia y la arqueología, y la evidencia de vidas cambiadas a lo largo de los siglos, por nombrar solo algunos.

Estos factores llevaron al gran arqueólogo, W. F. Albright, a concluir: "La Biblia se eleva en contenido por encima de toda la literatura religiosa anterior; y se eleva de manera igualmente impresionante sobre toda la literatura posterior en la simplicidad directa de su mensaje y la catolicidad (universalidad) de su atractivo para los hombres de todas las tierras y tiempos" (The Christian Century, noviembre de 1958).

La Biblia es especial. Es única. Ningún otro libro tiene tales credenciales. Ningún otro libro se le acerca. "Inglaterra tiene dos libros, la Biblia y Shakespeare. Inglaterra hizo a Shakespeare, pero la Biblia hizo a Inglaterra" (Victor Hugo, citado por [Mead]. Enciclopedia de Citas Religiosas, p. 49).

Un error común es que el texto de la Biblia no ha llegado a nosotros de la manera en que fue escrito originalmente. Abundan acusaciones acerca de monjes celosos que cambian el texto bíblico a lo largo de la historia de la Iglesia. Este tema es de suma importancia, ya que un texto alterado haría un grave daño a la credibilidad de la historia.

Como dice F. F. Bruce, “La histórica frase 'de una vez por todas' del cristianismo que lo distingue de aquellos sistemas religiosos y filosóficos, que no están especialmente relacionados con ningún tiempo en particular, hace que la confiabilidad de los escritos que pretenden registrar esta  revelación sea una cuestión de primera importancia” (Los Documentos del Nuevo Testamento: ¿Son Confiables? p. 8)  [The New Testament Documents: Are They They Reliable?].

Afortunadamente, el problema no es la falta de pruebas. Hay tres tipos diferentes de evidencia que deben usarse para evaluar el texto del Nuevo Testamento. Estos son los manuscritos griegos, las diversas versiones en las que se traduce el Nuevo Testamento y los escritos de los padres de la Iglesia.

El Nuevo Testamento fue originalmente compuesto en el idioma griego. Existen aproximadamente 5,500 copias que contienen todo o parte del Nuevo Testamento. Aunque no poseemos los originales, existen copias desde unas muy prontas fechas.

El Nuevo Testamento fue escrito alrededor de los años 50 d.C. a los 90 d. C. El fragmento más antiguo (p. 52) esta fechado cerca del año 120 d.C., con alrededor de otros cincuenta fragmentos que datan entre los 150-200 años desde el momento de su composición.

Dos manuscritos importantes, el Códice Vaticano (325 d.C.) y el Códice Sinaítico  (350 d. C.). Existe una copia completa, fechada en un plazo de 250 años a partir del momento de la composición. Esto puede parecer un largo período de tiempo, pero es mínimo en comparación con la mayoría de las obras antiguas.

La copia más antigua de Las Guerras Galas de César data de 1.000 años después de que se escribiera, y la primera copia completa de la Odisea de Homero data de 2.200 años después de su redacción. Cuando se compara el intervalo entre la escritura del Nuevo Testamento y las copias más antiguas con otras obras antiguas, el Nuevo Testamento demuestra estar mucho más cerca de la época del original.

Las 5.500 copias son, sin duda, la mayor cantidad que tenemos de cualquier obra antigua. Muchos escritos antiguos nos han sido transmitidos solo por un puñado de manuscritos (Catulo—tres copias; la más antigua es 1.600 años después que la escribió; Heródoto—ocho copias y fue 1.300 años después).

Los documentos del Nuevo Testamento no solo tienen más evidencia manuscrita y un intervalo de tiempo cercano entre la escritura y la copia más antigua, sino que también se tradujeron a varios otros idiomas en una etapa muy temprana. La traducción de un documento a otro idioma era rara en el mundo antiguo, por lo que esta es una ventaja adicional para el Nuevo Testamento.

El número de copias de las versiones supera las 18.000, posiblemente hasta 25.000. Esta es una evidencia más que nos ayuda a establecer el texto del Nuevo Testamento.

Incluso si no tuviéramos los 5.500 manuscritos griegos o las 18.000 copias de las versiones, el texto del Nuevo Testamento aún podría reproducirse dentro de los 250 años posteriores a su composición. ¿Cómo? Por los escritos de los primeros cristianos. En comentarios, cartas, etc., estos antiguos escritores citan el texto bíblico, dándonos así otro testimonio de los escritos del Nuevo Testamento.

John Burgon ha catalogado más de 86.000 citas de los primeros padres de la iglesia que citan diferentes partes del Nuevo Testamento. Por lo tanto, observamos que hay mucha más evidencia de la confiabilidad de los escritos del Nuevo Testamento que cualquier otra obra comparable en el mundo antiguo.

F. F. Bruce hace la siguiente observación: "La evidencia de nuestros escritos del Nuevo Testamento es siempre mucho mayor que la evidencia de muchos escritos de autores clásicos, cuya autenticidad nadie sueña con cuestionar”.

También afirma: “Y si el Nuevo Testamento fuera una colección de escritos seculares, su autenticidad generalmente se consideraría más allá de toda duda” (Los Documentos del Nuevo Testamento: ¿Son Confiables? p. 15). Sir Frederic Kenyon, previo director y bibliotecario principal del Museo Británico, fue uno de los principales expertos en manuscritos antiguos y su autoridad. Poco antes de su muerte, escribió esto sobre el Nuevo Testamento:

"El intervalo entre las fechas de la composición original (del Nuevo Testamento) y la evidencia más antigua existente se vuelve tan pequeño que de hecho es insignificante, y el último fundamento para cualquier duda de que las Escrituras han llegado a nosotros sustancialmente tal como fueron escritas ahora se ha eliminado. Tanto la autenticidad como la integridad general de los libros del Nuevo Testamento pueden considerarse finalmente establecidas" (La Biblia y la Arqueología, pp.288-89), [The Bible and Archaeology]. 

Parece haber algún tipo de consenso general entre muchas personas de que los documentos del Nuevo Testamento se escribieron muchos años después de que ocurrieron los eventos y, por lo tanto, no contienen información confiable. Sin embargo, el hecho es que la vida de Jesús fue escrita por testigos presenciales o personas que registraron testimonios de primera mano. Todos los escritores vivían en el mismo momento en que ocurrieron estos eventos, y tenían contacto personal con los eventos o con personas que los presenciaron.

Hay un fuerte testimonio interno de que los Evangelios fueron escritos en una fecha temprana. El Libro de los Hechos registra la actividad misionera de la Iglesia primitiva y fue escrito como una secuela por la misma persona que escribió el Evangelio según Lucas. El libro de los Hechos termina con el apóstol Pablo estando vivo en Roma, sin que se registre su muerte.

Esto nos llevaría a creer que fue escrito antes de su muerte, ya que los otros eventos importantes en su vida han sido registrados. Tenemos alguna razón para creer que Pablo fue condenado a muerte en la persecución neroniana del año 64 d.C., lo que significa que el Libro de los Hechos fue compuesto antes de este tiempo.

Si el Libro de los Hechos fue escrito antes del año 64 d.C., entonces el Evangelio de Lucas, del cual Hechos fue una continuación, tuvo que haber sido compuesto algún tiempo antes, probablemente a finales de los años cincuenta o principios de los sesenta del primer siglo. La muerte de Cristo tuvo lugar alrededor del año 30 d.C., lo que haría que la composición de Lucas fuera a más tardar treinta años después de los eventos.

La Iglesia primitiva generalmente enseñó que el primer Evangelio compuesto fue el de Mateo, lo que nos colocaría aún más cerca del tiempo de Cristo. Esta evidencia nos lleva a creer que los primeros tres Evangelios fueron compuestos dentro de los treinta años posteriores a la fecha en que ocurrieron estos eventos, una época en la que aún vivían testigos presenciales no muy amigables que podían contradecir su testimonio si no era preciso.

Este tipo de evidencia ha llevado recientemente a un erudito liberal, John A. T. Robinson, a volver a fechar los documentos del Nuevo Testamento mucho antes de lo que la mayoría de los eruditos liberales modernos nos harían creer. Robinson ha argumentado en Re-Fechando el Nuevo Testamento, [Redating the New Testament] que todo el Nuevo Testamento podría haberse completado antes del año 70 d.C., que todavía está bien dentro del período de testigos presenciales.

Los hechos involucrados en el tema llevaron a W. F. Albright, el gran arqueólogo bíblico, a comentar: "Ya podemos decir enfáticamente que ya no hay ninguna base sólida para fechar ningún libro del Nuevo Testamento después del año 80 d. C., dos generaciones completas antes de la fecha entre 130 y 150 dada por los críticos más radicales del Nuevo Testamento de hoy día" (William F. Albright, Descubrimientos Recientes en Tierras Bíblicas, [Recent Discoveries in Bible Lands], Nueva York, Funk y Wagnalls, 1955, p. 136).

La fecha de Albright en el año 80 d.C. podría ser cuestionada cuando se trata del Evangelio de Juan. Existe una gran posibilidad de que el destierro del apóstol Juan a Patmos bajo el emperador Domitian fuera tan tardío como el 95-96 d.C. en Apocalipsis 1. Hay una fuerte tradición de que Juan escribió Apocalipsis allí en ese momento. De esto dan testimonio Clemente de Alejandría, Eusebio e Ireneo [cf. New Testament Survey] (compare: Estudio del Nuevo Testamento, p. 391, por Robert Gromacki).

La evidencia señala que:

  1. los documentos no fueron escritos mucho después de los eventos, sino muy cerca de ellos, y
  2. fueron escritos por personas durante el período en que muchos de los que estaban familiarizados con los hechos o fueron testigos presenciales de ellos todavía estaban vivos.

La conclusión ineludible es que se puede confiar en la imagen de Cristo del Nuevo Testamento.

Una de las quejas que escuchamos a menudo es que todos tienen una interpretación diferente de la Biblia. Debido a que muchas personas llegan a conclusiones variables cuando leen la Biblia, supuestamente no hay forma de obtener un consenso. La gente señala la variedad de denominaciones como un ejemplo de que no puede haber unanimidad de acuerdo entre los creyentes de la Biblia.

Esta idea deja de tener en cuenta ciertos hechos. La gran mayoría de los lectores de la Biblia no tienen problemas para ponerse de acuerdo sobre las enseñanzas centrales de esta. Incluso aquellos que no creen que la Biblia sea verdadera no tienen dificultad alguna para discernir el mensaje principal.

Dentro de todas las ramas del cristianismo, encontramos la misma comprensión básica de lo que enseña la Biblia. Por lo general, aceptan los mismos credos que afirman verdades tan básicas como que Dios hizo al hombre a Su imagen, con libertad de elección, y que el hombre eligió rebelarse contra Dios, trayendo así el pecado al mundo.

Dios, debido a Su amor eterno, se hizo hombre en la persona de Jesucristo y murió una muerte sustitutiva por nosotros, pagando la pena por el pecado. La humanidad puede restaurar su relación con Dios al poner su fe en Jesucristo.

El mensaje de la Biblia es claro para aquellos que la lean y busquen su significado. El problema surge cuando las personas traen sus nociones preconcebidas a la Biblia e intentan hacer que la Palabra se ajuste a sus ideas preconcebidas. Esto no es culpa de la Biblia, sino de las personas que obligan a la Biblia a decir lo que ellos quieren que diga.

En cuanto a la cuestión de las diversas denominaciones, se debe enfatizar que no se forman debido a la división sobre las enseñanzas centrales del cristianismo. Las diferencias son el resultado de una variedad de factores, incluidos los culturales, étnicos y sociales. Cuando se comparan estrechamente entre sí, las diferencias doctrinales no siempre son tan cruciales.

Algunas personas usan este argumento como excusa para no creer en Jesús, pero como todos los demás, no demuestra ser válido. Jesús dejó muy claro el tema principal: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él" (Juan 3:36). A menudo, el desacuerdo no es tanto con la interpretación de las Escrituras, sino más bien con la aplicación.

Es realmente sorprendente la frecuencia con la que se hace esta pregunta. Esta pregunta contiene la suposición de que la Biblia está llena de muchas discrepancias obvias que, de ser ciertas, harían imposible creer que la Biblia tiene un origen divino. Es una idea popular sostener que la Biblia desacuerda consigo misma, lo que arroja dudas considerables sobre su confiabilidad.

Si, de hecho, la Biblia contiene errores demostrables, mostraría que al menos esas partes no podrían haber venido de un Dios perfecto y omnisciente. No discutimos esta conclusión, pero no estamos de acuerdo con la premisa inicial de que las Escrituras están llenas de errores. Es muy fácil acusar a la Biblia de inexactitudes, pero otra cosa es probarlo.

A primera vista, ciertos pasajes parecen contradictorios, pero una investigación más profunda mostrará que este no es el caso.

Una de las cosas por las que apelamos con respecto a las posibles contradicciones es la equidad. No debemos minimizar ni exagerar el problema, y siempre debemos comenzar por darle al autor el beneficio de la duda. Esta es la regla en otras publicaciones, y pedimos que también sea la regla aquí. Encontramos con tanta frecuencia que las personas quieren emplear un conjunto diferente de reglas cuando se trata de examinar la Biblia, y a esto nos oponemos de inmediato.

¿Qué constituye una contradicción? La ley de no contradicción, que es la base de todo pensamiento lógico, establece que una cosa no puede ser a la vez ‘a’ y no ‘a’. En otras palabras, no puede estar lloviendo y no lloviendo al mismo tiempo.

Si uno puede demostrar una violación de este principio de las Escrituras, entonces y solo entonces puede probar una contradicción. Por ejemplo, si la Biblia dijera —lo que no dice— que Jesús murió por crucifixión tanto en Jerusalén como en Nazaret al mismo tiempo, esto sería un error demostrable.

Ante posibles contradicciones, es de suma importancia recordar que dos afirmaciones pueden diferir entre sí sin ser contradictorias. Algunos fallan en hacer una distinción entre contradicción y diferencia.

Por ejemplo, el caso de los ciegos de Jericó. Mateo relata cómo dos ciegos se encontraron con Jesús, mientras que tanto Marcos como Lucas mencionan solo uno. Sin embargo, ninguna de estas declaraciones niega la otra, sino que son complementarias.

Supongamos que estuvieras hablando con el alcalde de tu ciudad y el jefe de policía del ayuntamiento. Más tarde, ves a tu amigo, Jimmy, y le dices que hablaste con el alcalde hoy. Una hora más tarde, ves a tu amigo, John, y le dice que hablaste con el alcalde y el jefe de policía.

Cuando tus amigos comparan notas, hay una aparente contradicción. Pero no hay contradicción. Si le hubieras dicho a Jimmy que solo hablaste con el alcalde, habrías contradicho esa declaración con lo que le dijiste a John.

Las declaraciones que realmente le hiciste a Jimmy y John son diferentes, pero no contradictorias. Del mismo modo, muchas declaraciones bíblicas caen en esta categoría. Muchos piensan que encuentran errores en pasajes que no han leído correctamente.

En el Libro de los Jueces tenemos el relato de la muerte de Sísara. Se supone que Jueces 5: 25-27 representa a Jael como quien lo mató con su martillo y una estaca de tienda mientras bebía leche. Jueces 4: 21 dice que lo hizo mientras él dormía. Sin embargo, una lectura más detallada de Jueces 5:25-27 revelará que no se afirma que estuviera bebiendo leche en el momento del impacto. Por lo tanto, la discrepancia desaparece.

A veces, dos pasajes parecen ser contradictorios porque la traducción no es tan precisa como podría ser. El conocimiento de los idiomas originales de la Biblia puede resolver de inmediato estas dificultades, ya que tanto el griego como el hebreo, como todos los idiomas, tienen sus peculiaridades que los hacen difíciles de traducir al inglés o a cualquier otro idioma.

Un ejemplo clásico se refiere a los relatos de la conversión de Pablo como se registra en el Libro de los Hechos. Hechos 9: 7 (RV) declara, "Y los hombres que con él iban, se quedaron mudos, oyendo una voz, pero sin ver a nadie. Hechos 22: 9 (RV) dice: "Y los que estaban conmigo vieron la luz, y tuvieron miedo; pero no oyeron la voz del que me hablaba”.

Estas declaraciones parecen contradictorias, con una que dice que los compañeros de Pablo escucharon una voz, mientras que la otra cuenta dice que no se escuchó ninguna voz. Sin embargo, el conocimiento del griego resuelve esta dificultad. Como explica el erudito griego, W. F. Arndt:

"La construcción del verbo' oír ' (akouo) no es la misma en ambos relatos. En Hechos 9:7 se usa con la forma gramatical del genitivo, mientras que en Hechos 22: 9 con el acusativo. La construcción con el genitivo simplemente expresa que se está escuchando algo o que ciertos sonidos llegan al oído; nada se indica en cuanto a si una persona entiende lo que oye o no.

“La construcción con el acusativo, sin embargo, describe una audiencia que incluye la aprehensión mental del mensaje hablado. A partir de esto,  se hace evidente que los dos pasajes no son contradictorios.

"Hechos 22: 9 no niega que los asociados de Pablo oyeron ciertos sonidos; simplemente declara que no oyeron de tal manera que entendieran lo que se estaba diciendo. Nuestro lenguaje, en este caso, simplemente no es tan expresivo como el griego" [Does the Bible Contradict Itself, pp. 13–14] ¿la Biblia se contradice a sí misma?

También se debe enfatizar que cuando se da una posible explicación a una dificultad bíblica, no es razonable afirmar que el pasaje contiene un error demostrable. Algunas dificultades en las Escrituras resultan de nuestro conocimiento inadecuado de las circunstancias, y no necesariamente implican un error. Estos solo prueban que ignoramos los antecedentes.

A medida que avanza el estudio histórico y arqueológico, se está arrojando nueva luz sobre partes difíciles de las Escrituras y muchos "errores" han desaparecido con el nuevo entendimiento. Necesitamos una actitud de esperar y ver algunos problemas.

Si bien todas las dificultades y discrepancias bíblicas aún no se han aclarado, estamos firmemente convencidos de que a medida que se adquiera más conocimiento del pasado de la Biblia, estos problemas desaparecerán. La concepción bíblica de Dios es un ser omnisciente y todopoderoso que no se contradice a sí mismo, por lo que sentimos que Su Palabra, cuando se entiende correctamente, no se contradice a sí misma.

​​La arqueología es el estudio de los desechos no perecederos, la basura que el hombre ha dejado atrás y que ha sobrevivido a los estragos del tiempo. La motivación inicial para desenterrar civilizaciones antiguas fue el deseo de encontrar tesoros enterrados.

Hoy en día, sin embargo, se utilizan los métodos científicos más modernos para recuperar el estudio de los restos del pasado con el fin de lograr una mejor comprensión de los pueblos antiguos y sus prácticas. El Medio Oriente, en particular el área palestina, es objeto de muchas excavaciones arqueológicas debido a su historia.

Es importante tener en cuenta que la arqueología sin historia no tiene sentido. Todo lo que la arqueología puede decirnos es una secuencia de desarrollo cultural, no una cronología exacta. La historia nos da la cronología, los acontecimientos, las personas, los lugares.

Lo que la arqueología ha hecho en los últimos 100 años es verificar parte de la historia contenida en la Biblia. Por ejemplo, dos de las ciudades mencionadas en la Biblia, Sodoma y Gomorra, han sido consideradas mitológicas durante muchos años.

Sin embargo, excavaciones recientes en Tell Mardikh, ahora conocido como el sitio de Ebla, descubrieron alrededor de 15,000 tabletas. Algunos de estos han sido traducidos, y se hace mención de Sodoma y Gomorra.

Otras verificaciones arqueológicas incluyen pruebas de que hubo un gobernante llamado Belsasar; los hititas no solo existieron, sino que también tuvieron un vasto imperio; el rey Sargón también gobernó; y los asuntos que tocan la historia en el Libro de los Hechos son demostrablemente precisos. Hasta ahora, los hallazgos de la arqueología han verificado, y en ningún caso disputado, puntos históricos del registro bíblico.

Si bien la arqueología puede verificar la historia y arrojar luz sobre varios pasajes de la Biblia, está más allá del ámbito de la arqueología probar que la Biblia es la Palabra de Dios. En la actualidad, la arqueología es una ciencia que mejora, con datos limitados disponibles, pero incluso con sus limitaciones, esta disciplina es muy útil para ilustrar que muchos pasajes bíblicos son históricamente precisos.

No se puede enfatizar demasiado la importancia de que la Biblia dé una imagen histórica precisa. El cristianismo es una fe histórica que afirma que Dios ha irrumpido en la historia con muchos actos poderosos.

Aunque los milagros registrados en las Escrituras no pueden ser probados científicamente o repetidos debido a su naturaleza, las personas, los lugares y los eventos pueden investigarse históricamente. Si los escritores bíblicos fueran incorrectos en su imagen histórica, se pondrían serias dudas sobre su confiabilidad en áreas que no podrían verificarse.

Dicho de otra manera, si los autores de las Escrituras son precisos en sus relatos de las cosas que sucedieron, se deduce que no pueden ser descartados de la corte porque mencionan cosas fuera de lo común.

En la impresión de 1948 de su excelente libro Nuestra Biblia y Manuscritos Antiguos, Sir Frederic Kenyon, el erudito en manuscritos, dijo lo siguiente: "De hecho, no hay probabilidad de que encontremos manuscritos del texto hebreo que se remontan a un período anterior a la formación del texto que conocemos como Masorético. Solo podemos llegar a una idea de ello mediante un estudio de las primeras traducciones hechas a partir de este... " (citado por Pfeiffer, The Dead Sea Scrolls and the Bible [Los Rollos del Mar Muerto y la Biblia], p. 107).

Al mismo tiempo que se imprimía su libro, en 1947 comenzaron los descubrimientos que harían imposible cualquier declaración posterior como la de Kenyon. Hasta este momento, los eruditos solo tenían las tablillas de arcilla de Babilonia y los papiros egipcios para ayudarles a comprender la información de fondo sobre la Biblia, ya que no se sabía que ningún manuscrito antiguo del Antiguo Testamento hubiera sobrevivido.

Sin embargo, todo eso cambió con el descubrimiento de algunos manuscritos en cuevas a lo largo de la esquina noroeste del Mar Muerto. Estos rollos trajeron al mundo manuscritos de libros del Antiguo Testamento 1.000 años más antiguos que los que existían anteriormente.

Hubo entusiasmo inmediato por el hallazgo. El Dr. William F. Albright, uno de los principales arqueólogos del mundo, en una carta a John Trever, quien tuvo una parte integral en la revelación del hallazgo, dijo:

"¡Mis más sinceras felicitaciones por el mayor descubrimiento de manuscritos de los tiempos modernos! No tengo ninguna duda de que la escritura es más arcaica que la del papiro de Nash (una porción muy pequeña del Antiguo Testamento fechada entre el siglo II a.C. y el siglo I d.C.) Preferiría una fecha alrededor del 100 a.C….

"¡Qué hallazgo tan absolutamente increíble! Y felizmente no puede haber la más mínima duda en el mundo sobre la autenticidad del manuscrito”.

Antes del descubrimiento de estos manuscritos, la copia completa más antigua del Antiguo Testamento en hebreo era el Códice Babylonicus Petropalitanus de 1008 d.C., más de 1400 años después de que se completara el Antiguo Testamento. Los fragmentos de los Manuscritos del Mar Muerto ahora cerraron la brecha por mil años y dejaron al mundo esperando para ver si el texto se había transmitido con precisión. La respuesta fue un rotundo sí.

Los Manuscritos del Mar Muerto demostraron inequívocamente el hecho de que los judíos eran fieles en su transcripción de los manuscritos bíblicos. Esta reverencia por las Escrituras fue resumida hace mucho tiempo por el historiador judío del primer siglo, Flavio Josefo:

"Hemos dado pruebas prácticas de nuestro respeto por nuestras propias Escrituras. Porque, aunque ya han pasado edades tan largas, nadie se ha atrevido a agregar, quitar o alterar una sílaba; y es un instinto de todo judío desde el día de su nacimiento considerarlos como los decretos de Dios, cumplirlos y, si es necesario, morir alegremente por ellos.

"Una y otra vez, antes de ahora, se ha presenciado la visión de prisioneros que soportan torturas y muerte en todas sus formas en los teatros, en lugar de pronunciar una sola palabra contra las Leyes y los documentos aliados" ("Flavius Josephus Against Apion [En Contra de Apion]", en Josephus, Complete Works [La Obra Completa], traducido por William Whiston, Grand Rapids, Kregel Pub., 1960, p. 179, 180).

La actitud que Josefo relató se confirma por la comparación del texto Masorético, que es la base de nuestras Biblias hebreas, y los rollos del Mar Muerto. Entre los fragmentos descubiertos se encuentran copias completas o partes de todos los libros del Antiguo Testamento, excepto Ester, y las variaciones en el texto después de mil años de copia son mínimas. Por lo tanto, cualquier apelación a los Rollos del Mar Muerto para poner en duda la confiabilidad de la Biblia es inválida.

Charles Pfeiffer dijo lo siguiente a lo largo de esa línea: "Debe tenerse en cuenta que, si bien los puntos de vista negativos y críticos de la Biblia no pueden ser refutados por un estudio de los rollos de Qumrán (Qumrán es la ubicación principal en el área del Mar Muerto donde se encontraron los rollos), no hay evidencia de Qumrán que justifique una re-evaluación importante de los puntos de vista tradicionales sobre el origen de los escritos bíblicos.

"Los libros del Antiguo Testamento de Qumrán son los que encontramos en nuestras Biblias. Las variantes textuales menores ocurren como lo hacen en cualquier documento que dependa de copias manuales para la multiplicación, pero el texto bíblico puede considerarse esencialmente confiable "(The Dead Sea Scrolls and the Bible [Los Rollos del Mar Muerto y la Biblia], Charles F. Pfeiffer, Baker Book House, 1967, p. 114).

Por lo tanto, el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto solo apoya el enfoque crítico pero conservador del Antiguo Testamento que los eruditos de esta persuasión sostienen al estudiar la confiabilidad de los libros del Antiguo Testamento.

Si alguien desea saber si el Dios de la Biblia existe o no, una de las razones más fuertes que puede examinar es el pueblo judío. Una investigación honesta sobre esta pregunta proporcionará más que una respuesta adecuada a la veracidad de la fe cristiana.

Hace unos 4,000 años, Dios llamó a un hombre llamado Abram del país donde vivía y le dio estas promesas: "Te haré una gran nación, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre; y así serás una bendición; y bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré al que te maldiga. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra" (Génesis 12:2, 3).

"Y Jehová dijo a Abram. Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás, al norte y al sur, al oriente y al occidente; porque toda la tierra que ves, yo te la daré a ti y a tu descendencia para siempre" (Génesis 13:14, 15, NBLH).

En otras palabras, Dios le prometió a Abram (1) una gran nación; (2) un gran nombre; (3) ser una bendición para todas las naciones; y (4) una tierra que pertenecerá para siempre a sus descendientes.

Varios cientos de años después de que Dios le hiciera estas promesas a Abram, la gran nación había aparecido, contándose por millones. Estaban a punto de entrar en la tierra prometida cuando Dios, a través de su líder, Moisés, les dio algunas advertencias como se registra en Deuteronomio capítulos 28-33.

Dios les advirtió contra la desobediencia y les prometió que usaría a otras naciones para sacarlos de esa tierra si le eran infieles. Predijo que eventualmente serían esparcidos por toda la tierra como extraños en tierras desconocidas y que no encontrarían descanso de sus vagabundeos. Sin embargo, Dios en Su fidelidad prometió traerlos de vuelta a su tierra.

¿Cuál ha sido el veredicto de la historia? Los hijos de Israel, a pesar de que fueron advertidos, cayeron en la idolatría y fueron expulsados de su tierra natal. En 606 a.C. El rey Nabucodonosor llevó cautivo al pueblo a Babilonia y regresó en 588-586 a.C., y después de un largo asedio quemó la ciudad y el templo.

Sin embargo, como Dios prometió, permitió que aquellos que lo desearan regresaran a la tierra en 537-536 a.C. o después de setenta años (Esdras, capítulo 1). La expulsión de su patria ocurrió por segunda vez en el año 70 d.C., cuando Tito el romano destruyó la ciudad de Jerusalén y dispersó al pueblo.

Durante casi 1,900 años, los judíos vagaron por la tierra como extraños que fueron perseguidos por todos lados. Esto culminó en el holocausto de la Segunda Guerra Mundial, cuando seis millones de judíos fueron ejecutados en los campos de concentración.

Sin embargo, contra todo pronóstico, el Estado de Israel renació el 14 de mayo de 1948, y los judíos comenzaron a regresar a su tierra natal desde todos los puntos cardinales. Esta fue la segunda vez en su historia desde que se convirtió en una nación que han regresado a su tierra. Desde 1948 han sobrevivido a algunos conflictos terribles, incluida la Guerra de los Seis Días de 1967 y la Guerra de los Santos Días de 1973.

A través de todo esto, la nación no pereció ni perdió su identidad nacional. La historia ha demostrado que cualquier pueblo que abandone su patria, después de unas cinco generaciones, perderá su identidad nacional al ser absorbido por la nueva cultura, pero los judíos siguieron siendo una entidad distinta.

No solo han sobrevivido, sino que las naciones que los persiguieron, Moab, Amón, Edom, Filistea y muchas otras, han sido destruidas o han perdido por completo su identidad individual.

¿Has oído hablar de un moabita sueco? ¿Un Filisteo Ruso? ¿Un Edomita Alemán? ¿Un Amonita Americano? ¡No! Estas personas han sido totalmente absorbidas por otras culturas y razas.

Sin embargo, ¿alguna vez has oído hablar de un judío sueco? Un Judío Ruso? Un Judío Alemán? Un Judío Americano? Sí! Como se profetizó, no han perdido su identidad.

Uno de nosotros asistía una vez a un debate sobre la persona de Jesucristo en el que participaba un rabino. Durante el período de preguntas, se le preguntó al rabino por qué no creía en la resurrección de Jesús. "No creo en los milagros del Nuevo Testamento", respondió.

Un estudiante agudo inmediatamente le preguntó al rabino por qué rechazó los milagros del Nuevo Testamento, pero aceptó los milagros del Antiguo Testamento, y sobre qué base hizo la distinción. Sin pestañear, el rabino respondió: "Eso es fácil; yo tampoco creo en los milagros del Antiguo Testamento. Creo que todos son mitos."Es difícil creer que pudiera hacer una declaración como esa, considerando el hecho de que su supervivencia, como judío, es uno de los milagros más grandes de toda la historia.

Cuando los dos estábamos en Israel en 1976, filmando la película "Más que un carpintero", nos invitaron a reunirnos con un alto funcionario del gobierno israelí. Una de las preguntas que le hicimos se refería a la supervivencia de su nación.

¿Cómo lograron sobrevivir al ser expulsados dos veces de su tierra natal, la segunda vez en casi 1.900 años; sobrevivir al holocausto cuando uno de cada tres judíos vivos fue condenado a muerte, y evitar los ataques de los más de 100 millones de miembros del mundo árabe en 1967 y 1973?

¿Fue esto el resultado de que su nación fuera tan ingeniosa o fue porque alguna mano divina estaba velando por su pueblo? Nos miró a los dos y dijo: "Aunque la mayoría de la gente en mi país hoy en día afirmaría ser atea, no lo creas. Creo que todos sabemos en el fondo que una fuerza mayor que nosotros ha estado protegiendo a esta nación”.

Agregó que después de la reciente re-captura de Jerusalén por los judíos, hubo en un momento alrededor de un millón de personas en el muro de las lamentaciones o en su camino para dar gracias a Dios.

El Dios de la Biblia es fiel. Él ha demostrado tanto Su existencia como Su fidelidad al tratar con el Israel nacional como una señal objetiva para el mundo, testificando Su existencia y verificando Sus promesas.

A los creyentes en Jesucristo se les pregunta constantemente por qué creen que la Biblia es inspirada, y una respuesta común es debido al  cumplimiento de las profecías. El argumento del  cumplimiento de la profecía es uno de los más fuertes imaginables.

El apóstol Pedro, después de testificar que había visto a Jesucristo en toda su gloria, dijo: “Y así tenemos la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en prestar atención como a una lámpara que brilla en el lugar oscuro, hasta que el día despunte y el lucero de la mañana aparezca en vuestros corazones” (2 Pedro 1:19, LBLA). Pedro aquí está apelando a la profecía cumplida como testigo de la verdad de las Escrituras.

La Biblia misma da el propósito de la profecía, "Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho...." (Isaías 46:9, 10, LBLA).

“Las cosas pasadas desde hace tiempo las declaré, de mi boca salieron y las proclamé. De repente actué y se cumplieron... yo, pues, te las declaré desde hace tiempo; antes de que sucedieran, te las proclamé, no sea que dijeras: 'Mi ídolo las ha hecho, y mi imagen tallada o fundida las ha ordenado'” (Isaías 48: 3, 5, LBLA).

El Nuevo Testamento hablaba de la venida de Jesucristo, "Dios prometió esa Buena Noticia hace tiempo por medio de sus profetas en las sagradas Escrituras." (Romanos 1:1-4, NTV).

El testimonio de las Escrituras es que el propósito de la profecía es hacernos saber que Dios existe y que tiene un plan para este mundo. Al predecir personas, lugares y eventos cientos de años antes de que ocurran, la Biblia demuestra un conocimiento del futuro que es demasiado específico para ser etiquetado como una buena suposición. Al dar ejemplos de profecía cumplida, las Escrituras dan un fuerte testimonio de su propia inspiración.

Un ejemplo de esto sería la profecía del Rey Ciro (Isaías 44:28; 45: 1). El profeta Isaías, escribiendo alrededor del año 700 a. C., predice a Ciro por su nombre como el rey que dirá a Jerusalén que será edificada y que se pondrán los cimientos del templo.

En el momento de la escritura de Isaías, la ciudad de Jerusalén estaba completamente construida y todo el templo estaba en pie. No fue hasta más de 100 años después que la ciudad y el templo fueron destruidos por el rey Nabucodonosor en el año 586 a.C.

Después de que Jerusalén fue tomada por los babilonios, fue conquistada por los persas alrededor del 539 a.c. Poco después de eso, un rey persa llamado Ciro dio el decreto para reconstruir el templo en Jerusalén. Esto fue alrededor de 160 años después de la profecía de Isaías!

Por lo tanto, Isaías predijo que un hombre llamado Ciro, que no nacería hasta dentro de unos 100 años, daría la orden de reconstruir el templo que todavía estaba en pie en los días de Isaías y que no sería destruido durante más de 100 años. Esta profecía es verdaderamente asombrosa, pero no es un caso único.

De hecho, hay literalmente cientos de profecías que predicen eventos futuros. La idea de que el cumplimiento de las predicciones es el resultado de la coincidencia o el azar es absurda, a la luz de la evidencia. Dios ha dado suficiente evidencia de Su existencia y de la inspiración divina de las Escrituras por medio del cumplimiento de la profecía.

Hoy la palabra apócrifo es sinónimo de los catorce o quince libros de dudosa autenticidad y autoridad. Estos escritos no se encuentran en el Antiguo Testamento hebreo, pero están contenidos en algunos manuscritos de la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento hebreo, que se completó alrededor del 250 a.C. en Alejandría, Egipto.

La mayoría de estos libros fueron declarados como Escrituras por la Iglesia Católica Romana en el Concilio de Trento (1545-1563), aunque la Iglesia Protestante rechaza cualquier autoridad divina adjunta a ellos.

Aquellos que atribuyen autoridad divina a estos libros y los defienden como Escritura argumentan que los escritores del Nuevo Testamento citan principalmente de la Septuaginta, que contiene los apócrifos. También citan el hecho de que algunos de los padres de la Iglesia, en particular Galileo, Tertuliano y Clemente de Alejandría, usaron los apócrifos en el culto público y los aceptaron como Escrituras, al igual que la Iglesia Siríaca en el siglo IV.

San Agustín, que presidió los concilios de Hipona y Cartago, estuvo de acuerdo con la decisión de que los libros de los apócrifos estaban inspirados. La Iglesia griega añade su peso a la lista de creyentes en la inspiración de los apócrifos.

Los defensores señalan también a los Rollos del Mar Muerto para añadir más peso a su creencia en los apócrifos. Entre los fragmentos de Qumrán se encuentran copias de algunos de los libros apócrifos escritos en hebreo. Estos han sido descubiertos junto con otras obras del Antiguo Testamento.

El caso de incluir los apócrifos como Sagrada Escritura se rompe completamente cuando se examina. Los escritores del Nuevo Testamento pueden aludir a los apócrifos, pero nunca los citan como Sagrada Escritura ni dan la más mínima pista de que alguno de los libros es inspirado. Si la Septuaginta en el primer siglo contenía estos libros, lo que de ninguna manera es un hecho comprobado, Jesús y sus discípulos los ignoraron por completo.

Apelar a ciertos padres de la Iglesia como prueba de la inspiración de los libros es un argumento débil, ya que muchos en la iglesia primitiva, en particular Orígenes, Jerónimo y otros, negaron su supuesta inspiración.

La Iglesia siríaca esperó hasta el siglo IV d.C. para aceptar estos libros como canónicos. Es notable que la Peshitta, la Biblia siríaca del siglo II d. C., no los contenía.

Los primeros Agustinos reconocieron a los apócrifos, al menos en parte. Pero más tarde, los escritos de Agustín reflejaron claramente un rechazo de estos libros como fuera del canon e inferiores a las escrituras hebreas.

La comunidad judía también rechazó estos escritos. En el Concilio Judío de Jamnia (c. a. d. 90), nueve de los libros de nuestro canon del Antiguo Testamento fueron debatidos por diferentes razones si debían incluirse. Finalmente, dictaminaron que solo los libros hebreos del Antiguo Testamento de nuestro canon actual eran canónicos.

Citar la presencia de los apócrifos entre los fragmentos del Antiguo Testamento prueba poco con respecto a la inspiración, ya que también se encontraron numerosos fragmentos de otros documentos no bíblicos.

No se puede exagerar el hecho de que la Iglesia Católica Romana no declaró oficialmente estos libros Sagrada Escritura hasta 1545-1563 en el Concilio de Trento.

La aceptación de ciertos libros en los apócrifos como canónicos por la Iglesia Católica Romana fue en gran medida una reacción a la Reforma Protestante. Al canonizar estos libros, legitimaron su referencia a ellos en asuntos doctrinales.

Los argumentos que defienden la autoridad bíblica de los apócrifos obviamente dejan mucho que desear.

Hay algunas otras razones reveladoras por las que la iglesia protestante rechaza los apócrifos. Una de ellas trata de la enseñanza no bíblica de estos libros cuestionables, como orar por los muertos.

Orar por los difuntos, defendido en II Macabeos 12:45–46, está en oposición directa a Lucas 16:25, 26 y Hebreos 9:27, entre otros. Los apócrifos también contienen el episodio en el que Dios ayuda a Judit en una mentira (Judit 9:10, 13).

Los apócrifos también contienen errores demostrables. Tobit supuestamente estaba vivo cuando Jeroboam organizó su revuelta en 931 a.c. y todavía vivía en el momento del cautiverio asirio (722 a.c.), sin embargo, el Libro de Tobit dice que vivió solo 158 años (Tobit 1:3-5; 14:11).

Finalmente, no hay ninguna afirmación en ninguno de estos libros apócrifos en cuanto a la inspiración divina. Uno solo necesita leer estas obras junto con la Biblia para ver la gran diferencia.

Dios

¿Existe realmente un Dios? ¿Cómo puede alguien estar seguro de que tal ser existe?

Creemos que la existencia de Dios, y preguntas como estas relacionadas con esto, pueden responderse inteligentemente. La razón por la que sabemos que Dios existe es porque Él nos lo ha dicho y se ha revelado a nosotros. No nos ayudaría en absoluto en nuestra situación humana si Dios estuviera en silencio, pero felizmente este no es el caso. Dios no solo existe, sino que también nos ha comunicado ese hecho. Él nos ha dicho todo acerca de quién es, cómo es y cuál es Su plan para el planeta tierra.

Él ha revelado estas cosas a la humanidad a través de la Biblia. La Biblia ha demostrado ser más que un mero libro; La evidencia es más que convincente para cualquiera que considere honestamente sus afirmaciones.

Debido a los alardes que la Biblia hace por sí misma, muchos han tratado de destruirla, como se relata en esta declaración de Martín Lutero:

Poderosos potentados se han enfurecido contra este libro y han tratado de destruirlo y arrancarlo de raíz: Alejandro Magno y los príncipes de Egipto y Babilonia, los monarcas de Persia, Grecia y Roma, los emperadores Julio y Augusto, pero no prevalecieron en nada.

Se han ido mientras el libro permanece, y permanecerá por los siglos de los siglos, perfecto y completo como se declaró en un principio. —¿Quién le ha ayudado así, quién le ha protegido contra fuerzas tan poderosas? ciertamente, nadie más sino Dios mismo, que es el dueño de todas las cosas.

- citado por Fritz Ridenour, Who Says [Quien Dice]
Publicaciones G / L, Regal Books, 1967

Incluso el escéptico francés, Rousseau, vio algo diferente en las Escrituras. “Debo confesaros que me asombra la majestuosidad de las Escrituras; la santidad de los evangelistas me habla al corazón y tiene caracteres de verdad tan llamativos, y es, además, tan perfectamente inimitable, que si hubiera sido invención de los hombres, los inventores serían más grandes que los más grandes héroes” (Frank Mead, Encyclopedia of Religious Quotations [Enciclopedia de citas religiosas], p. 32).

La Biblia, por lo tanto, nos da razones suficientes para creer que es la Palabra del Dios vivo, que existe y que se ha revelado al mundo.

Otra razón por la que sabemos que Dios existe es porque ha aparecido en carne humana. Jesucristo fue el Dios Todopoderoso que se hizo hombre. La Biblia dice : " El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Juan 1:14, RSV),  y está claro el hecho de que Jesús vino a la tierra para revelar quién es Dios y de qué se trata (Juan 1:18).

Si alguien quiere saber quién es Dios y cómo es, solo necesita mirar a Jesucristo. Como dijo Lord Byron, "Si alguna vez el hombre fue Dios o Dios fue hombre, Jesucristo fue ambos" (Frank Mead, Encyclopedia of Religious Quotations [Enciclopedia de citas religiosas], p. 81).

En lugar de que el hombre se acerque para encontrar a Dios, Dios se acercó al hombre, como explica Casserley, "El evangelio proporciona ese conocimiento de la verdad última que los hombres han buscado a través de la filosofía en vano, inevitablemente en vano, porque es esencial para la naturaleza misma de Dios que Él no puede ser descubierto por la búsqueda y el sondeo de las mentes humanas, que solo puede ser conocido si primero toma la iniciativa y se revela a Sí mismo" (J. V. Langmead Casserley, The Christian in Philosophy [El Cristiano en la Filosofía], Nueva York, Charles Scribner's Sons, 1951, p. 21).

Jesús, al regresar de entre los muertos, se estableció a Sí mismo como poseedor de las credenciales para ser Dios, y fue este hecho el que demostró su verdad al mundo incrédulo. Como dice Machen, "La gran arma con la que los discípulos de Jesús se dispusieron a conquistar el mundo no fue una mera comprensión de los principios eternos; fue un mensaje histórico, un relato de algo que había sucedido; fue el mensaje, 'Él ha resucitado'" (J. G. Machen, Christianity and Liberalism, pp.28, 29).

Por lo tanto, tenemos la Biblia y la persona de Jesucristo, como dos razones fuertes que argumentan a favor de la existencia de Dios. Ninguna otra religión o filosofía ofrece nada que se acerque a demostrar que existe un Dios.

Esta pregunta supone que todo, incluido Dios, está sujeto a las limitaciones del tiempo y el espacio, como lo es el hombre; que no hay nada fuera del tiempo y el espacio, una suposición que la comunidad científica ha cuestionado y prácticamente descartado desde la teoría de la relatividad de Albert Einstein.

Einstein demostró que el tiempo en realidad se puede alterar, ralentizar, acelerar, cuando los objetos comienzan a viajar a velocidades extremadamente altas. Esto sugeriría que el concepto común de que todas las cosas se originan y operan dentro del contexto del tiempo y el espacio fijos, que nada existe fuera del tiempo y el espacio, no es necesariamente correcto.

Si bien no es totalmente comprensible, los hechos hacen que sea más fácil aceptar la enseñanza bíblica de que Dios existe fuera del tiempo y el espacio tal como lo conocemos (Salmos 90:4; Colosenses 1:17; II Pedro 3:8). Aceptar que Dios existe fuera del marco de tiempo y espacio tal como lo conocemos hace que cualquier pregunta de dónde vino y qué estaba haciendo antes de crear lo que conocemos como el universo carezca de sentido.

Estas preguntas podrían ser legítimas si Dios está sujeto al tiempo y al espacio, lo cual no es así. La Biblia enseña que Dios no está limitado por el tiempo ni el espacio, y que Él no ha elegido revelarnos (desde nuestra perspectiva) todo lo que sucedió antes de que creara el universo.

Una de las ideas más mal entendidas de la Biblia se refiere a la enseñanza de la Trinidad. Aunque los cristianos dicen que creen en un solo Dios, constantemente se les acusa de politeísmo (adorar al menos a tres dioses).

Las Escrituras no enseñan que haya tres dioses; tampoco enseñan que Dios usa tres máscaras diferentes mientras representa el drama de la historia. Lo que la Biblia enseña se afirma en la doctrina de la Trinidad como: hay un solo Dios que se ha revelado en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y estas tres personas son el único Dios.

Aunque esto es difícil de comprender, es sin embargo lo que la Biblia nos dice, y es lo más cercano que la mente finita puede llegar a explicar el misterio infinito del Dios infinito, al considerar las declaraciones bíblicas sobre el ser de Dios.

La Biblia enseña que hay un solo Dios y un solo Dios: "Escucha, Israel. El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno."(Deuteronomio 6: 4, LBLA). "Hay un solo Dios" (I Timoteo 2:5, RVA). "Así dice el Señor, el Rey de Israel, y su Redentor, el Señor de los ejércitos: «Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios." (Isaías 44:6 LBLA).

Sin embargo, aunque Dios es uno en Su ser o naturaleza esencial, también es tres personas. "Hagamos al hombre a nuestra imagen" (Génesis 1:26 RVR60). "Y dijo Jehová Dios: He aquí, el hombre es como uno de nosotros" (Génesis 3: 22 RSV).

Aquí se alude a la naturaleza plural de Dios, ya que Él no podía estar hablando con los ángeles en estos casos, porque los ángeles no podían y no ayudaron a Dios a crear. La Biblia enseña que Jesucristo, y no los ángeles, creó todas las cosas (I Juan 1:3; Colosenses 1:15; Hebreos 1:2).

Además de hablar de Dios como uno, y aludir a una pluralidad del ser de Dios, las Escrituras son bastante específicas en cuanto a nombrar a Dios en términos de tres personas. Hay una persona a quien la Biblia llama el Padre, y el Padre es designado como Dios el Padre (Gálatas 1:1).

La Biblia habla de una persona llamada Jesús, o el Hijo, o el Verbo, también llamado Dios. "El Verbo era Dios..." (Juan 1:1, RVR60). Jesús "también llamaba a Dios Su propio Padre, haciéndose igual a Dios" (Juan 5:18 LBLA).

Hay una tercera persona mencionada en las Escrituras llamada Espíritu Santo, y esta persona, diferente del Padre y del Hijo, también se llama Dios: "Ananías, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo?... ¡No has mentido a los hombres, sino a Dios!" (Hechos 5:3, 4, NVI).

Los hechos de la enseñanza bíblica son estos: Hay un solo Dios. Este solo Dios tiene una naturaleza plural. Este solo Dios es llamado el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, todos distintas personalidades, todos designados Dios. Por lo tanto, se nos lleva a la conclusión de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios, la doctrina de la Trinidad.

El Dr. John Warwick Montgomery ofrece esta analogía para ayudarnos a comprender mejor esta doctrina:

"La doctrina de la Trinidad no es 'irracional'; lo que es irracional es suprimir la evidencia bíblica de la Trinidad a favor de la unidad, o la evidencia de la unidad a favor de la Trinidad.

"Nuestros datos deben tener prioridad sobre nuestros modelos o, mejor dicho, nuestros modelos deben reflejar con sensibilidad toda la gama de datos.

“A close analogy to the theologian’s procedure here lies in the work of the theoretical physicist: Subatomic entities are found, on examination, to possess wave properties (W), particle properties (P), and quantum properties (h).

"Aunque estas características son en muchos aspectos incompatibles (las partículas no se difractan, mientras que las ondas sí, etc.), los físicos "explican" o "modelan" un electrón como PWh. Tienen que hacer esto para dar el peso adecuado a todos los datos relevantes.

“Del mismo modo, el teólogo que habla de Dios como 'tres en uno'. Ni el científico ni el teólogo esperan que obtengas una 'imagen' a través de su modelo; el propósito del modelo es ayudarlo a tener en cuenta todos los hechos, en lugar de pervertir la realidad superponiéndole una aparente "coherencia".

"La elección es clara: ya sea la Trinidad o un 'Dios' que es solo una pálida imitación del Señor del cristianismo bíblico y confesional" (How Do We Know There Is a God [Como Sabemos que Existe un Dios], pp.14, 15).

La gente pregunta constantemente: "¿Qué tiene de especial Jesús? ¿Por qué es la única manera en que alguien puede conocer a Dios?”

Junto con el problema de las personas que nunca han escuchado, no hay pregunta que se haga con más frecuencia que esta. Se nos acusa de tener una mentalidad intolerante porque afirmamos que no hay otra manera de llegar a Dios.

El primer punto a destacar es que no inventamos la afirmación de que Jesús es el único camino. Este no es nuestro reclamo; es el de Él. Nosotros simplemente estamos relatando Su declaración, y la declaración de los escritores del Nuevo Testamento.

Jesús dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mí" (Juan 14:6RV60) y, "Porque si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados" (Juan 8:24 LBLA). El apóstol Pedro se hizo eco de estas palabras: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12 RV60).

San Pablo estuvo de acuerdo, "Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, ... "(1 Timoteo 2:5, RV60). Por lo tanto, es el testimonio unido del Nuevo Testamento de que nadie puede conocer a Dios el Padre sino a través de la persona de Jesucristo.

Para entender por qué es así, debemos volver al principio. Un Dios infinitamente personal creó los cielos y la tierra (Génesis 1:1) y al hombre a su propia imagen (Génesis 1:26). Cuando terminó de crear, todo era bueno (Génesis 1: 31).

El hombre y la mujer fueron colocados en un ambiente perfecto, con todas sus necesidades atendidas. Se les dio una sola prohibición: no debían comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, para que no murieran (Génesis 2:17).

Desafortunadamente, comieron del árbol (Génesis 3), y el resultado fue una perdida en cuatro áreas diferentes. La relación entre Dios y el hombre ahora estaba rota, como se puede ver en el intento de Adán y Eva de esconderse de Dios (Génesis 3:8).

La relación entre el hombre y su prójimo fue cortada, con Adán y Eva discutiendo y tratando de pasar la culpa a la otra persona (Génesis 3:12, 13).

El vínculo entre el hombre y la naturaleza también se rompió, con la tierra produciendo espinas y cardos y el mundo animal ya no era benevolente (Génesis 3:17, 18). El hombre también se separó de sí mismo, con un sentimiento de vacío y un sentimiento de estado incompleto, algo que no había experimentado antes de la caída.

Sin embargo, Dios prometió corregir todas estas cosas y dio Su palabra de que enviaría un Salvador, o Mesías, que liberaría a toda la creación de la esclavitud del pecado (Génesis 3:15). El Antiguo Testamento repetía el tema de que algún día esta persona vendría al mundo y liberaría a la humanidad.

La Palabra de Dios se hizo realidad. Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo (Juan 1:14, 29). Jesús finalmente murió en nuestro lugar para que pudiéramos disfrutar nuevamente de una relación correcta con Dios. La Biblia dice: "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo" y "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:19, 21 RVR60).

¡Jesús ha allanado el camino! Dios lo ha hecho todo, y nuestra responsabilidad es aceptar ese hecho. No podemos hacer nada para añadir a la obra de Jesús; todo se ha hecho por nosotros.

Si la humanidad hubiera podido llegar a Dios de otra manera, entonces Jesús no habría tenido que morir. Su muerte ilustra el hecho de que no hay otro camino. Por lo tanto, ninguna otra religión o líder religioso puede llevar a alguien al conocimiento del único Dios verdadero.

Pero la muerte de Jesús no es el final de la historia. Ilustremos por qué preferimos a Jesús sobre otros líderes religiosos. Supongamos que un grupo de nosotros está haciendo una caminata en un bosque muy denso. A medida que nos adentramos en el bosque, nos perdemos.

Al darnos cuenta de que tomar el camino equivocado ahora podría significar que perderemos la vida, comenzamos a tener miedo. Sin embargo, pronto notamos que en la distancia donde se divide el sendero, hay dos formas humanas en la bifurcación del camino.

Corriendo hacia estas personas, notamos que uno tiene puesto un uniforme de guardabosques, y está parado allí perfectamente vivo y sano, mientras que la otra persona está acostada boca abajo, muerta. Ahora, ¿a cuál de estos dos vamos a preguntar sobre la salida? Obviamente, al que está vivo.

Cuando se trata de asuntos eternos, vamos a preguntarle al que está vivo la salida a este dilema. Este no es Mahoma, ni Confucio, sino Jesucristo. Jesús es único. Regresó de entre los muertos. Esto demuestra que Él es quien afirmó ser (Romanos 1:4), el Hijo único de Dios y la única manera en que una persona puede tener una relación personal con el Dios vivo y verdadero.

Otra de las acusaciones frecuentes contra la Biblia es que contiene dos concepciones diferentes de Dios.

El Antiguo Testamento supuestamente presenta solo a un Dios de ira, mientras que el Nuevo Testamento supuestamente representa solo a un Dios de amor.

El Antiguo Testamento contiene historias de Dios ordenando la destrucción de Sodoma, la aniquilación de los cananeos y muchas otras historias del juicio y la ira de Dios. Los acusadores afirman que esto demuestra una deidad primitiva y guerrera en contraposición a las enseñanzas avanzadas de Jesús de amarse unos a otros y poner la otra mejilla, tal como se encuentran en el Sermón de la Montaña.

Estas ideas sobre Dios parecen estar en conflicto directo, pero un momento de reflexión mostrará lo contrario.

Jesús mismo declaró que el Antiguo Testamento puede resumirse en los mandamientos de amar a Dios y amar al prójimo (Mateo 22:37). También observó que Dios en el Antiguo Testamento había deseado continuamente amor y misericordia en lugar de sacrificio (Mateo 9:13; 12:7).

Esta actitud se puede ver con declaraciones como: "¿Acaso me complazco yo en la muerte del impío... y no más bien que se aparte de sus caminos y viva?" (Ezequiel 18: 23, LBLA).

Dios no habría destruido a ciertas naciones excepto que Él es un Dios de justicia y la maldad de estas no podría pasar desapercibida y tolerada.

Él tenía la intención y el deseo de castigarlos como parte de Su plan, de acuerdo con Su naturaleza santa y celos por Su pueblo extraviado. Lo que Él desea en coherencia con Su carácter puro, lo hace en justicia, en su caso, siempre que no se hayan arrepentido y estén en armonía con Su naturaleza (Jeremías 18).

En el caso de los amorreos, Dios les dio cientos de años para que se arrepintieran, pero no lo hicieron (Génesis 15:16). Noé predicó 120 años a su generación antes del gran diluvio (Génesis 6:3). La imagen adecuada del Antiguo Testamento es la de un Dios muy paciente que les da a estas personas oportunidades incalculables para arrepentirse y entrar en armonía con Él, y solo cuando se niegan continuamente, Él los juzga y castiga por sus malas obras.

Contrariamente a la creencia popular, las declaraciones más fuertes de juicio e ira en la Biblia fueron hechas por el mismo Señor Jesuscristo.

En Mateo 23, por ejemplo, Jesús increpó contra los líderes religiosos de Su época, llamándolos hipócritas y falsos líderes, e informándoles que su destino era el destierro eterno de la presencia de Dios.

En Mateo 10: 34-35 (RVR60), Jesús dice que el propósito de su misión no es unir, sino dividir. "No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada."Él continúa diciendo que Su palabra hará que un hijo esté contra su padre, una hija contra su madre y la nuera contra su suegra (Mateo 10:35 ).

Encontramos el juicio y el amor esparcidos de manera muy penetrante a lo largo del Nuevo Testamento, y el amor y la misericordia, así como el juicio, a lo largo del Antiguo Testamento.

Dios es consistente e inmutable, pero diferentes situaciones requieren diferentes énfasis. Por lo tanto, cuando los dos testamentos se leen de la manera en que fueron destinados, revelan al mismo Dios santo que es rico en misericordia, pero que no dejará que el pecado quede impune.

Jesucristo

Entre los líderes religiosos que han alcanzado un gran número de seguidores a lo largo de la historia, Jesucristo es único en el hecho de que solo Él afirmó ser Dios en carne humana. Un error común es que algunos o muchos de los líderes de las religiones del mundo hicieron afirmaciones similares, pero este simplemente no es el caso.

Buda no afirmó ser Dios; Moisés nunca dijo que él era Yahvé; Mahoma no se identificó a sí mismo como Alá; y en ninguna parte encontrarás a Zoroastro afirmando ser Ahura Mazda. Sin embargo, Jesús, el carpintero de Nazaret, dijo que el que lo ha visto a Él (Jesús) ha visto al Padre (Juan 14:9).

Las afirmaciones de Cristo son muchas y variadas. Dijo que Él existía antes de Abraham (Juan 8:58), y que era igual al Padre (Juan 5: 17, 18). Jesús afirmó la capacidad de perdonar pecados (Marcos 2:5-7), que la Biblia enseña que era algo que solo Dios podía hacer (Isaías 43: 25).

El Nuevo Testamento equiparó a Jesús como el creador del universo (Juan 1:3), y que Él es el que mantiene todo unido (Colosenses 1: 17). El apóstol Pablo dice que Dios fue manifestado en carne (I Timoteo 3:16, RVR1960), y Juan el evangelista dice que "el Verbo era Dios" (Juan 1: 1). El testimonio unido de Jesús y los escritores del Nuevo Testamento es que Él era más que un simple hombre; Él era Dios.

No solo sus amigos se dieron cuenta de que Él afirmaba ser Dios, sino que también lo hicieron sus enemigos. Puede haber algunas dudas hoy en día entre los escépticos que se niegan a examinar la evidencia, pero no hubo dudas por parte de las autoridades judías.

Cuando Jesús les preguntó por qué querían apedrearlo, ellos respondieron, “No te apedreamos por ninguna obra buena, sino por blasfemia; y porque Tú, siendo hombre, te haces Dios” (Juan 10:33, LBLA).

Este hecho separa a Jesús de las otras figuras religiosas. En las principales religiones del mundo, las enseñanzas, no el maestro, son lo más importante.

El confucianismo es un conjunto de enseñanzas; Confucio no es importante. El Islam es la revelación de Alá, siendo Mahoma el profeta, y el budismo enfatiza los principios del Buda y no el Buda mismo. Esto es especialmente cierto en el hinduismo, donde no hay un fundador histórico.

Sin embargo, en el centro del cristianismo está la persona de Jesucristo. Jesús no solo afirmó estar enseñando la verdad a la humanidad; afirmó que Él era la verdad (Juan 14:6).

Lo que Jesús enseñó no es el aspecto importante del cristianismo, pero lo que es importante es quién era Jesús. ¿Era el Hijo de Dios? ¿Es Él la única manera en que una persona puede alcanzar a Dios? Esta era la afirmación que hizo para sí mismo.

Supongamos que esta misma noche el Presidente de los Estados Unidos apareciera en todas las redes principales y proclamara que "Yo soy el Dios Todopoderoso. Tengo el poder de perdonar el pecado. Tengo la autoridad para resucitar mi vida de entre los muertos”.

Rápidamente y en silencio cortarían la transmisión, se lo llevarían y lo reemplazaría el vicepresidente. Cualquiera que se atreviera a hacer tales afirmaciones tendría que estar loco o ser un mentiroso, a menos que fuera Dios.

Este es exactamente el caso de Jesús. Él claramente reclamó todas estas cosas y más. Si Él es Dios, como Él afirmó, debemos creer en Él, y si no lo es, entonces no deberíamos tener nada que ver con Él. Jesús es Señor de todos o no es Señor en absoluto.

Sí, Jesús afirmó ser Dios. ¿Por qué alguien debería creerlo? Después de todo, el mero hecho de afirmar ser algo no lo hace cierto. ¿Dónde está la evidencia de que Jesús es Dios?

La Biblia da varias razones, incluyendo milagros y profecías cumplidas, que tienen la intención de convencernos de que Jesús es quien dijo que era (Juan 20:30, 31). La razón principal, o la señal que Jesús mismo dijo que demostraría que Él era el Hijo de Dios, fue Su resurrección de entre los muertos.

Cuando los líderes religiosos le pidieron una señal, Jesús respondió: "Porque como estuvo Jonás tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches" (Mateo 12:40, RVA).

En otro lugar, cuando se le pidió una señal, dijo: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré... Mas él hablaba del templo de su cuerpo" (Juan 2:19, 21, RVA). La capacidad de resucitar a Su vida de entre los muertos fue la señal que lo separa no solo de todos los demás líderes religiosos, sino también de cualquier otra persona que haya vivido.

Cualquiera que desee refutar el caso del cristianismo debe explicar la historia de la resurrección. Por lo tanto, de acuerdo con la Biblia, Jesús demuestra ser el Hijo de Dios al resucitar de entre los muertos (Romanos 1:4). La evidencia de que Jesús se levantó de la tumba es abrumadora, y es este hecho el que prueba que Jesús es Dios.

Answers to Tough Questions Skeptics Ask About the Christian Faith [Respuestas a Preguntas Difíciles que los Escépticos Hacen sobre la Fe Cristiana], Pg. 72

Posiblemente hay otras formas en que Dios podría haber elegido enviar a Su Hijo al mundo, pero el hecho es que la forma en que eligió hacerlo fue a través del nacimiento virginal.

Los Evangelios registran que María y José no tuvieron relaciones sexuales hasta después del nacimiento de Cristo, y él “la conservó virgen hasta que dio a luz un Hijo; y le puso por nombre Jesús” (Mateo 1:25, NBLA).

El Nuevo Testamento también relata que se sabía que José no había engendrado a Jesús y que la mayoría de la gente había asumido que María tenía una relación ilícita con alguien.

A pesar de que el nacimiento virginal se da como un hecho histórico y ciertas cosas hicieron que el nacimiento virginal fuera esencial, muchos todavía expresan fuertes objeciones a su ocurrencia.

El principal problema que la gente tiene con el nacimiento virginal es que es un milagro. La Escritura no trata este evento como un hecho ordinario, sino más bien como un acto sobrenatural de Dios. El milagro del nacimiento virginal no debería plantear ningún problema especial si se concede la posibilidad de milagros.

¿Por qué, podemos preguntarnos, es el nacimiento virginal un milagro mayor que, digamos, la alimentación de los 5.000 o Jesús caminando sobre el agua? Si existe un Dios todopoderoso, que habló toda la creación a la existencia, un nacimiento virginal no estaría más allá de Su capacidad.

Una objeción común al nacimiento virginal es que es una imposibilidad biológica, que fue aceptada por personas ignorantes de estos temas. C. S. Lewis hizo algunas observaciones pertinentes en este punto de vista:

"Por lo tanto, escucharán a la gente decir: 'Los primeros cristianos creían que Cristo era el hijo de una virgen, pero sabemos que esto es una imposibilidad científica'. Estas personas parecen tener la idea de que la creencia en los milagros surgió en un período en que los hombres eran tan ignorantes del curso de la naturaleza que no percibían que un milagro fuera contrario a esta.

“Un momento de reflexión muestra que esto es una tontería, con la historia del nacimiento virginal como un ejemplo particularmente sorprendente. Cuando José descubrió que su prometida iba a tener un bebé, decidió repudiarla. ¿Por qué? Porque sabía tan bien como cualquier ginecólogo moderno que, en el curso ordinario de la naturaleza, las mujeres no tienen bebés a menos que se hayan acostado con hombres.

"Sin duda, el ginecólogo moderno sabe varias cosas sobre el nacimiento y la procreación que José no sabía. Pero esas cosas no se refieren al punto principal: que un nacimiento virginal es contrario al curso de la naturaleza. Y José obviamente lo sabía" (Miracles [Milagros], Nueva York, Macmillan Pub. Co. Inc., p. 48).

Algunos han intentado explicar el nacimiento virginal rastreándolo a la mitología griega o babilónica. Argumentan que los escritores de los Evangelios tomaron prestada esta historia de la mitología de su época. Este punto de vista no se ajusta a los hechos, ya que no hay ningún héroe en la mitología pagana para el que se reclame un nacimiento virginal, y además sería impensable para la mente judía construir tal historia a partir de la mitología.

Fue reportado que muchas deidades entre los griegos, babilonios y egipcios nacieron de una manera inusual, pero en su mayor parte estos seres nunca existieron realmente. Los relatos están llenos de elementos mitológicos obvios que están totalmente ausentes de las narraciones evangélicas. Son informes de un dios o diosa que nace en el mundo por relaciones sexuales entre algún ser celestial y una mujer terrenal, o por alguna aventura adúltera entre los dioses y diosas.

El Dr. Thomas Thorburn comenta apropiadamente: “Todas estas diversas historias de concepciones y nacimientos sobrenaturales, que encontramos en el folclore y la historia de la mitología, tienen este único punto en común: —sirven para señalar no tanto la similitud como el completo contraste y disimilitud que existe entre la historia del nacimiento cristiano y los cuentos que son corrientes en varios círculos paganos” (Thomas James Thorburn, A Critical Examination of the Evidences for the Doctrine of the Virgin Birth [Una examinación crítica en las evidencias de la doctrina del nacimiento virginal], Londres, 1908, p. 158).

Por lo tanto, cuando consideramos de cerca las objeciones al nacimiento virginal, nos convencemos más de que efectivamente ocurrió tal como lo establece el registro histórico en el Evangelio.

El Nuevo Testamento afirma que la verdad del cristianismo se encuentra o recae en la resurrección de Jesús.

El apóstol Pablo declaró: "Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, y vana es también vuestra fe. Sí, y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él haya levantado á Cristo.… Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados... Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, los más miserables somos de todos los hombres" (I Corintios 15:14, 15, 17, 19, RVA).

Una objeción común al hecho de la resurrección es que las cuatro narraciones del Evangelio contienen contradicciones sin esperanza. Si las cuatro cuentas se colocaran en columnas paralelas, se resaltarían varias diferencias aparentes. Sin embargo, estas aparentes diferencias finalmente confirman la veracidad de estos relatos, en lugar de refutarlos.

Si los cuatro Evangelios dieran exactamente la misma historia, exactamente en el mismo orden, con exactamente los mismos detalles, inmediatamente sospecharíamos. También podríamos preguntarnos por qué los cuatro escritores no se limitaron a adjuntar sus nombres como coautores de una cuenta. Obviamente, este no es el caso. Ninguno de los cuatro Evangelios da todos los detalles de lo que sucedió.

Mateo es el único escritor que registra la primera aparición a las mujeres, mientras que solo en Lucas encontramos el relato de los dos discípulos en el camino a Emaús. La aparición de María Magdalena es omitida por Mateo y Lucas. Sólo Juan registra la aparición de nuestro Señor en el cenáculo, cuando Tomás estaba ausente y la aparición en el mar de Galilea.

Está bastante claro que todos los Evangelios relatan sus retratos de Jesús de manera diferente. Esto es lo que debemos esperar. No hay cuatro testigos (o reporteros de noticias), todos los cuales son testigos de una serie de eventos, que los escribirán exactamente de la misma manera, detalle por detalle. Si lo hicieran, habría una colusión evidente.

Si las diferencias se refieren a los puntos principales de la historia, entonces habría justificación para la duda, pero cuando todos los testigos están de acuerdo en los puntos más destacados, las diferencias insignificantes se suman a la validez, en lugar de restarla.

Cabe señalar, también, que ninguno de los detalles necesariamente contradice rotundamente a otros, pero de alguna manera plausible se correlacionan entre sí para proporcionar la imagen más clara. Las variaciones en detalle que los diferentes escritores eligieron incluir en las narraciones de la resurrección consisten en cosas incidentales que de ninguna manera ponen en peligro la trama principal de la historia.

Una de las aparentes contradicciones que molesta a la gente se refiere al momento en que las mujeres llegaron a la tumba, relatadas de manera diferente por Juan y Marcos. El relato de Marcos cuenta que las mujeres llegaron a la tumba al amanecer, mientras que Juan afirma que María Magdalena llegó a la tumba cuando estaba oscuro.

Esta dificultad se resuelve cuando se advierte que las mujeres tuvieron que caminar una buena distancia para llegar a la tumba, ya que se quedaron en Jerusalén o Betania. Estaba oscuro cuando salieron del lugar en el que se alojaban, pero cuando llegaron a la tumba, el sol comenzaba a brillar. Por lo tanto, Marcos está hablando de su llegada, mientras que Juan se refiere a su partida.

El área que ha generado más discusión se refiere a los ángeles que estaban en la tumba de Jesús. Mateo y Marcos relatan que un ángel se dirigió a las mujeres, mientras que Lucas y Juan dicen que dos ángeles estaban en la tumba.

Esto parece ser una discrepancia, con Mateo y Marcos mencionando un ángel mientras que en Lucas y Juan se hablan de dos. Sin embargo, Mateo y Marcos no dicen que había un solo ángel en la tumba, sino que ese ángel les habló a las mujeres.

Esto no contradice a Lucas y Juan, porque Mateo y Marcos especifican que un ángel habló, pero no dicen que hubo un solo ángel presente o que solo un ángel habló. Muy posiblemente uno de los ángeles sirvió como vocero de los dos, así se enfatizó. No hay necesidad de asumir una discrepancia.

Aunque informan algunos de los detalles de manera diferente, los Evangelios están de acuerdo en todos los puntos importantes. Los relatos están en armonía con el hecho de que Jesús estaba muerto y enterrado; que los discípulos no estaban preparados para su muerte, sino que estaban totalmente confundidos; que la tumba estaba vacía en la mañana de Pascua; que la tumba vacía no los convenció de que Jesús había resucitado; que María pensó que el cuerpo había sido robado.

Los escritores de los Evangelios también coinciden en que los discípulos tuvieron ciertas experiencias que creían que eran apariciones del Cristo resucitado. Que el judaísmo normativo del primer siglo no tenía el concepto de un Mesías moribundo y en ascenso es un hecho histórico.

Los discípulos proclamaron la historia de la resurrección en Jerusalén, en el lugar donde Jesús había sido asesinado y enterrado. Todos estos hechos considerados en conjunto constituyen un poderoso argumento a favor de la validez de la historia de la resurrección.

El venerable erudito Wilbur Smith dijo lo siguiente acerca de las diferencias en los relatos de la resurrección y las áreas en las que concuerdan los Evangelios:

“En estas verdades fundamentales, no hay absolutamente ninguna contradicción. Las llamadas variaciones en las narraciones son solo los detalles que en su mayoría quedaron grabados vívidamente en la mente de uno u otro de los testigos de la resurrección de nuestro Señor, o en la mente de los escritores de estos cuatro respectivos Evangelios .

“El examen más cercano y crítico de estas narraciones a lo largo de los siglos nunca ha destruido ni podrá destruir su poderoso testimonio de la verdad de que Cristo resucitó de entre los muertos al tercer día, y fue visto por muchos” (The Supernaturalness of Christ [La Sobrenaturalidad de Cristo], W. A. Wilde Company, 1954, página 205).

Milagros Antes y Ahora

Las siguientes declaraciones, una antigua y una moderna, son típicas de la respuesta que la gente da a los milagros.

Porque nada puede suceder sin causa; no pasa nada que no pueda pasar, y cuando ha pasado lo que era capaz de pasar, no puede interpretarse como un milagro. En consecuencia, no hay milagros… Por lo tanto, sacamos esta conclusión: lo que era capaz de suceder no es un milagro” (Cicero, De Divinatione [De adivinación], 2.28, citado por V. van der Loos en The Miracle of Jesus  [Los Milagros de Jesús], Leiden, EJ Brill, 1965 , pág. 7).

Por ejemplo, está el registro de la vida de Jesucristo en la Biblia. Ese registro contenía relatos de eventos que, a la luz de los hechos del orden natural que se conocían, posiblemente no podrían haber sucedido.

Los niños no nacen de vírgenes, los ángeles no llevan mensajes a las personas, los hombres no caminan sobre el agua, las personas que mueren no vuelven a la vida, y así sucesivamente.

La historia de Jesucristo estaba llena de lo que los hombres habían aprendido que eran imposibles; por lo tanto, la historia no podía ser un relato literal de los acontecimientos reales.

Cuando se escribió el Nuevo Testamento, los hombres pueden haber sido lo suficientemente ingenuos como para creer las cosas que se dijeron sobre Jesús, y es posible que no hayan visto contradicción entre los informes y su conocimiento del mundo, pero ahora todo era de otra manera (Protestantismo, citado por J. Leslie Dunstan, Nueva York, Washington Square Press, Inc., 1962, pp 128, 129).

Muchos se ríen de la idea sobre la posibilidad de los milagros. Argumentan que los milagros son una violación de las leyes científicas y, por lo tanto, son inaceptables para el hombre moderno.

Las Escrituras, sin embargo, de un extremo al otro, contienen historias de lo milagroso. Hay relatos de personas ciegas que inmediatamente recibieron la vista, personas muertas que fueron resucitadas y sucesos extraordinarios dentro de la naturaleza, como un diluvio universal y la separación del Mar Rojo.

La base para creer en lo milagroso se remonta a la concepción bíblica de Dios. El primer versículo de la Biblia decide el asunto. "En el principio Dios creó los cielos y la tierra" (Génesis 1:1, NTV).

Si este versículo puede aceptarse al pie de la letra, que en el principio un Dios infinito y personal creó el universo, entonces el resto no debería ser un problema. Si Él tiene la capacidad de hacer esto, entonces un nacimiento virginal, caminar sobre el agua, alimentar a 5000 personas con unos pocos panes y peces, y los otros milagros bíblicos, se vuelven no solo posibles sino esperados.

Por supuesto, si uno no cree en Dios, no aceptará lo milagroso, pero para quienes han concedido la posibilidad no es nada ridículo. Como dijo una vez el apóstol Pablo a un rey incrédulo: “¿Por qué se juzga increíble entre ustedes, que Dios resucite a los muertos?”. (Hechos 26:8, RVA-2015).

Entonces, detrás de esta importante pregunta está el tema familiar de si Dios existe o no. Porque si hay un Dios, entonces ciertamente los milagros son posibles. De hecho, la naturaleza misma de la pregunta: "¿Cómo pueden ser posibles los milagros?" presupone que hay un Dios, porque un milagro es un acto de Dios.

En cuanto a la idea de que los milagros violan las leyes naturales o científicas, debemos recordar que las leyes científicas ni dictan los eventos ni los explican. Son simplemente una generalización sobre causas y efectos observables.

No se puede rechazar la afirmación de la separación del Mar Rojo hace 3.500 años al señalar que este evento no ocurre todos los días. Apelar a las leyes de la naturaleza para refutar lo milagroso no funcionará, ya que la Biblia enseña que un Dios todopoderoso ha irrumpido en el orden natural de vez en cuando con Sus poderosos actos.

Un milagro es, por definición, un acontecimiento único y sin precedentes. Es imposible explicarlo como lo hacemos con otros eventos. La forma correcta de determinar si algo sucedió no es si podemos explicarlo. La primera pregunta que se debe hacer no es ¿Puede suceder, sino más bien, ¿sucedió?

Si se puede determinar que un evento sucedió, pero desafía la explicación, aún tenemos que admitir el hecho de que sucedió, explicación o no. La evidencia de los milagros bíblicos es tan poderosa históricamente como otros eventos históricos (como la caída de Roma y las conquistas de Alejandro Magno). El hecho de que los milagros estén fuera de nuestra experiencia diaria normal no significa que no hayan ocurrido y no ocurran.

Por lo tanto, cuando se tiene en cuenta toda la evidencia, hay excelentes razones para creer no solo en la posibilidad de milagros, sino también en su realidad.

A menudo se sostiene que las personas que vivieron durante los tiempos bíblicos eran más simples de mente y supersticiosas que el hombre moderno, y podrían ser engañadas para que creyeran en las historias milagrosas contenidas en la Biblia.

Hoy se afirma que vivimos en una era científica y que hemos superado estas supersticiones, ya que hemos desarrollado la capacidad mental de ver estos milagros como mitos supersticiosos en lugar de fenómenos paranormales. Un estudio minucioso de la evidencia mostrará que estas cuentas no son una reacción supersticiosa a algún embaucador inteligente. La respuesta a los actos milagrosos de Dios muestra la misma sorpresa y ansiedad que el hombre moderno tendría si se le colocara en la misma situación.

Las personas que vivían en la época de Jesús ciertamente sabían que los hombres que nacen ciegos no reciben la vista de inmediato (Juan 9:32), que cinco panes y unos pocos peces no alimentarían a 5,000 personas (Juan 6:14), o que los hombres no caminan sobre el agua (Mateo 14: 26).

Tomás el incrédulo dijo: “No lo creeré a menos que vea las heridas de los clavos en sus manos, meta mis dedos en ellas y ponga mi mano dentro de la herida de su costado”. (Juan 20:25, NTV). Se negó a aceptar el testimonio del increíble evento de la resurrección, pero cambió de opinión cuando se enfrentó cara a cara con el Cristo resucitado. Por lo tanto, no se espera que creamos lo ridículo, y tampoco lo hicieron las personas de los tiempos bíblicos.

Las personas que vivían en esos tiempos no eran menos escépticas de lo que somos hoy en día. Fue lo inevitable, lo ineludible, lo irrefutable lo que les hizo creer. El orden natural fue interferido cuando ocurrió un milagro. Es solo el escepticismo del hombre moderno lo que le hace negar que ocurrieron milagros.

Religiones del Mundo

Muchas personas que han rechazado la afirmación cristiana han adoptado otros puntos de vista de la vida. La mayoría afirma que no hay Dios como enseña la Biblia, y si lo hay, entonces es incognoscible. Las afirmaciones de estas alternativas no se mantendrán bajo investigación.

Un agnóstico suele ser alguien que no sabe si Dios existe. El agnóstico no se ha decidido por Dios. Él es un escéptico. Algunos agnósticos son más agresivos que otros en la búsqueda de Dios, y esto lo aplaudimos.

La Biblia promete, si alguien desea saber la verdad acerca de Dios, entonces deberán. “El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, ó si yo hablo de mí mismo”. (Juan 7:17, RVA).

Desafortunadamente, la mayoría de los agnósticos no hacen un esfuerzo real para saber si hay un Dios. No consideran la pregunta tan crucial. Sin embargo, es crucial. El hecho mismo de que un agnóstico no pueda estar seguro de si hay un Dios hace lógico que deba considerar las afirmaciones del cristianismo. Por lo tanto, el agnosticismo no es motivo para rechazar el cristianismo; más bien es motivo para examinar el cristianismo.

Los ateos afirman que no hay Dios. Sin embargo, no pueden mantener esta posición dogmáticamente. Para que podamos hacer este tipo de declaraciones con autoridad, tendríamos que conocer el universo en su totalidad y poseer todo el conocimiento. Si alguien tuviera estas credenciales, entonces, por definición, sería Dios.

Por lo tanto, vemos que, a menos que el ateo sea omnisciente, no puede hacer una declaración dogmática sobre la existencia de Dios. Por lo tanto, solo puede afirmar que no está seguro de si hay o no un Dios, y este punto de vista es agnosticismo. Esto ya lo hemos investigado anteriormente y lo hemos encontrado deficiente. La afirmación del ateo de que Dios no existe se desmorona bajo examinación.

El humanista cree que el hombre será capaz de resolver todos sus propios problemas. Este credo de que “el hombre es la medida de todas las cosas” no ofrece una solución concreta a quienes buscan una salida. Hoy, en nuestro mundo, el humanismo es bastante popular.

El humanismo falla en dos aspectos. Primero, el hombre que opera por sí mismo no puede establecer verdaderos estándares de justicia o valores en el mundo sin Dios. Si un hombre decide que su visión humana de los valores es correcta, mientras que otro hombre decide de manera diferente, ¿quién decidirá entre ellos?

¿Quién decidiría entre los nazis y la raza judía en la Segunda Guerra Mundial? Cada uno tenía un conjunto de valores, pero ¿quién tenía razón? ¿La mayoría? ¿Los más agradables? ¿El más malo?

Sin un estándar más alto de autoridad al que acudir, que es Dios, toda la vida se basa en los valores de la mayoría o de un dictador en el poder. No tienen una verdad segura a la que recurrir; todo es una cuestión de opinión.

En segundo lugar, el humanismo cree que el hombre es "cada día mejor y mejor en todos los sentidos."Sin embargo, con dos guerras mundiales en este siglo y el mundo al borde del holocausto nuclear, la desaparición del humanismo optimista es una conclusión inevitable.

Así, el humanismo no ofrece esperanza sino desesperación. El humanismo no resuelve problemas; los crea. Si el humanismo se examina honestamente, lleva al hombre a buscar las respuestas no en el hombre, sino más allá de sí mismo.

Estos puntos de vista alternativos, cuando se investigan profundamente, no socavan el cristianismo, sino que lo refuerzan. Esto se debe a que los sistemas filosóficos y otras religiones, en su búsqueda de la verdad y el significado de la vida, se quedan cortos en su búsqueda. Sin la Biblia como fundamento sólido, no hay manera de determinar si tenemos o no la verdad. Solo esta ofrece al hombre la verdad y la esperanza.

Muchas personas se preguntan por qué hacemos tanto alboroto acerca de Jesucristo y el cristianismo, ya que creen que todas las religiones son básicamente iguales. Asumen que todas las religiones están hablando de lo mismo, pero lo expresan de una manera diferente.

Un hombre dio una vez esta ilustración. Él dijo: “Supongamos que tomas a diez hombres, les vendas los ojos y los llevas a un elefante. Ahora deja que cada uno de ellos toque una parte diferente del elefante (la cola, la trompa, etc.) sin decirles lo que están tocando.

“Los llevas de regreso adentro, les quitas las vendas de los ojos y les dices que describan lo que tocaron”. Entonces el hombre preguntó: "¿Estarían de acuerdo sus descripciones?" La respuesta, por supuesto, es no.

El hombre entonces hizo esta observación: a pesar de que estos diez hombres tocaron la misma cosa, no estuvieron de acuerdo porque cada uno tocó una parte diferente o, por favor, la experimentó desde un ángulo diferente. Continuó concluyendo: "¿No es lo mismo en el área de la religión?

"No son todos los diferentes grupos religiosos —Cristianos, Musulmanes, Mormones, Budistas, etc. —¿experimentar el mismo Dios, pero explicarlo de diferentes maneras? Por lo tanto, ¿no pueden ser todas verdaderas, pero con cada una dando un énfasis diferente?”

El problema con esta ilustración es identificar al elefante con Dios. Estás asumiendo que todas estas personas están experimentando al mismo Dios, cuando en realidad esto no es cierto. El cristianismo y el Islam no pueden ser ambos verdaderos al mismo tiempo. Ni el mormonismo ni el budismo pueden ser correctos simultáneamente, ni tampoco la ciencia cristiana y el hinduismo.

Todas las religiones no pueden ser verdaderas al mismo tiempo, porque enseñan muchas cosas completamente opuestas entre sí. Todos pueden estar equivocados, pero ciertamente no todos pueden estar en lo cierto, porque las afirmaciones de uno excluirán al otro.

En cuanto a la salvación ya la persona de Jesucristo, sólo el cristianismo histórico lo reconoce como el Dios eterno hecho hombre que murió por los pecados del mundo y resucitó al tercer día. La salvación se obtiene sólo poniendo la confianza en este Jesús.

El Jesús del Islam no es el Hijo de Dios que murió por los pecados del mundo; tampoco es el Jesús del mormonismo o de la Ciencia Cristiana el mismo Jesús revelado en la Biblia.

La salvación no es por gracia y por la fe en estas religiones, sino que es cuestión de obras. Se puede observar entonces que estamos ante diferentes ideas religiosas que no son compatibles entre sí.

Aunque muchas religiones parecen ser iguales en la superficie, cuanto más se acerca uno a las enseñanzas centrales, más evidentes se vuelven las diferencias. Es totalmente incorrecto decir que todas las religiones son iguales.

El Dios de los cristianos no es el mismo Dios que el de los mormones, musulmanes o cientistas cristianos. Si el Dios de la Biblia es el único Dios verdadero, entonces los otros dioses no existen y no deben ser adorados.

Answers to Tough Questions that Skeptics Ask About the Christian Faith  [Respuestas a Preguntas Difíciles que Hacen los Escépticos sobre la Fe Cristiana]Pg. 106

Cristianismo

Cada vez que un creyente da su testimonio, siempre parece haber alguien que se opone a que esto se use como evidencia para la afirmación cristiana de la verdad.

Sostienen que parece que todo el mundo tiene algún tipo de experiencia de conversión o testimonio religioso.

Los Mormones hablan del ardor en su corazón; los de religiones orientales hablarán de la paz y tranquilidad que reciben; otros admitirán una nuevo gozo o felicidad.

¿Por qué la conversión cristiana es correcta y las otras incorrectas? ¿No se puede explicar mejor con respuestas condicionales o algún tipo de auto-hipnosis?

Es cierto que muchos hoy dan testimonio de experiencias religiosas en las que afirman haber encontrado la última realidad. A primera vista, el cristiano suena como todos los demás porque también afirma haber experimentado la verdad. El incrédulo u observador casual necesita más que un mero testimonio de experiencia subjetiva como criterio para juzgar quién, si es que alguien, tiene la razón. La diferencia es que los cristianos tienen ese criterio.

La conversión cristiana está ligada a la persona de Jesucristo. Está arraigada en hechos, no en ilusiones. Jesús demostró que tenía las credenciales para ser llamado el Hijo único de Dios. Desafió a hombres y mujeres a poner su fe en Él, para que pudieran conocer a Dios y de qué se trata la vida.

Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10, NVI). Cuando una persona pone su fe en Jesucristo, entra en una relación personal con Dios Todopoderoso, lo que se traduce en cambios que tienen lugar en su vida.

La conversión cristiana no es superación personal ni está condicionada culturalmente. Hay muchos que ponen su fe en Cristo y lo hacen en contra de las presiones de amigos y familiares. La experiencia del cristiano depende en última instancia de Dios y de Su obra en la vida de una persona. Esto debe de realizarse. La experiencia se basa en este hecho, no en la persona misma.

Además del hecho de que la conversión cristiana se basa en algo objetivo, la resurrección de Cristo; también hay que considerar la universalidad de la experiencia cristiana. Desde el tiempo de Jesús hasta hoy, personas de todos los orígenes, culturas y posturas intelectuales imaginables han sido convertidas por la persona de Jesucristo.

Algunas de las personas más viles que alguna vez caminaron sobre la faz de la tierra se han convertido en algunos de los santos más maravillosos después de confiar en Jesucristo. Esto debe ser considerado. Debido a la diversidad de las personas, no se puede explicar simplemente sobre la base del condicionamiento.

Digamos, por ejemplo, que alguien se te acerca y te dice que ha encontrado el sentido de la vida, la última realidad . Te confiesa que su vida ha sufrido un cambio drástico. Así que le preguntas cuál es la clave de este gran cambio. Él o ella te responde diciendo: “Desde que comencé a usar una cáscara de sandía en mi cabeza, mi vida ha cambiado”.

Lo consultas con los amigos de esta persona y te dicen que, en efecto, ha sido diferente desde el día en que le pusieron la cáscara en la cabeza. Ahora quieres saber si esta experiencia es peculiar de este individuo solamente o si otros han hecho la misma afirmación. Así que empiezas a buscar personas con cáscaras de sandía en la cabeza.

Buscas a lo largo y lo ancho, pero no puedes encontrar a nadie más con una experiencia similar. Por lo tanto, concluyes que esta persona está generando su propia experiencia y no se está encontrando con la última realidad.

La experiencia cristiana es universal, y aunque esto en sí mismo no la hace verdadera, sí hace que valga la pena considerarla. Lo que la hace verdadera es que se basa en la abrumadora evidencia de la deidad de Jesucristo.

Vivimos en una época en la que la gente es pesimista sobre el futuro. Siempre ha habido pesimistas, pero ahora hay un sentimiento general de desesperanza con respecto al futuro. Con la llegada de las armas nucleares tácticas, el miedo se ha apoderado de nuestro planeta. Ejemplos de esta actitud se pueden ver en las siguientes declaraciones:

Se está volviendo cada vez más obvio que no es el hambre, ni los microbios, ni el cáncer, sino el hombre mismo el mayor peligro de la humanidad" (Carl Jung, “Epilogue” [Epílogo], Modem Man in Search of a Soul [El hombre en busca de un Alma], Nueva York, Rutledge Books, 1933).

"El verdadero problema está en los corazones y las mentes de los hombres. No es un problema de física, sino de ética. Es más fácil desnaturalizar el plutonio que desnaturalizar el espíritu maligno del hombre" (Albert Einstein, citado por Mead, p. 192).

“Hoy, incluso la supervivencia de la humanidad es una esperanza utópica” (Norman O. Brown, Life Against Death [Vida Contra la Muerte], Londres, Sphere Books, Ltd., 1968, p. 267).

“El mundo ahora se ha vuelto demasiado peligroso para cualquier cosa menos que la utopía” (John Rader Piatt, The Step to Man [El Paso al Hombre], Nueva York, John Wiley and Sons, Ltd., 1966, p. 196).

El problema de la falta de esperanza y sentido de la vida no es exclusivo de nuestra generación. Ha sido expresado por otros en el pasado que han sentido el mismo vacío que siente nuestro mundo moderno. Para un gran segmento de la población, esta vida es todo lo que hay y no hay esperanza más allá de la tumba, pero esta idea no es nada nuevo.

Compara lo que algunos de los escritores del pasado han dicho acerca de la muerte. “Una vez que el hombre muere, no hay resurrección” (Esquilo); “Hay esperanza sólo para los que están vivos, pero los que han muerto están sin esperanza” (Teócrito); “Cuando una vez que nuestra breve luz se pone, hay una noche perpetua a través de la cual debemos dormir” (Catulo).

En este contexto de pesimismo, Jesucristo ofrece una esperanza real. Él le da a la humanidad la oportunidad de estar bien con Dios y su prójimo. Así, el cristianismo ofrece una vida plena a aquellos que aceptan a Jesús: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10, RVR1960).

Sin embargo, la vida abundante nunca termina. Hay una esperanza de vida eterna basada en las promesas de Dios en Jesucristo. Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Juan 11:25, 26, RVR1960).

En un mundo cambiante, existe un Dios inmutable cuyo mundo dura para siempre. “La hierba se seca, la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanecerá para siempre” (Isaías 40:8, DHH), y Él mismo nunca cambia, “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8, RVA).

Ralph Barton, uno de los principales caricaturistas de la nación, dejó esta nota clavada en su almohada antes de quitarse la vida: “He tenido pocas dificultades, muchos amigos, grandes éxitos; He ido de esposa en esposa y de casa en casa, he visitado grandes países del mundo, pero estoy harto de inventar dispositivos para llenar las veinticuatro horas del día” (Bill Bright, Jesus and the Intellectual [Jesús y el intelectual], pág. 14).

Shakespeare comentó sobre la vida: “Es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada” (MacBeth).

Qué contraste con las palabras del apóstol Pablo escritas justo antes de su inminente muerte: “Porque ya estoy siendo derramado como libación, y la hora de mi partida ha llegado. he peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe; en el futuro me está guardada la corona de justicia, la cual el Señor, el Juez justo, me dará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que han amado su venida” (2 Timoteo 4:6-8, NBLA). El cristianismo ofrece al mundo una esperanza genuina.

Cada universidad, al parecer, tiene el ateo del campus que dice: “El cristianismo es para los débiles; es solo una muleta”.

La famosa frase de Karl Marx, "La religión es el opio de las masas", sigue siendo una opinión común de muchos. Los que se llaman cristianos son vistos como personas que necesitan algo que les permita hacer frente a los problemas de la vida. Algunas personas usan alcohol, algunas drogas, otras el cristianismo para salir adelante en este mundo difícil.

El hecho es que todos necesitamos un apoyo o muleta para salir adelante en este mundo. Todos estamos lisiados en algún sentido, y en el fondo hay un deseo de que algo nos sostenga. El verdadero problema es: "¿Es verdadera esta muleta que llamamos cristianismo, o es algo al mismo nivel que las drogas o el alcohol, inventado para satisfacer una necesidad admitida?”

Hay necesidades psicológicas definidas, el miedo al peligro, la enfermedad y la muerte, que podrían impulsarnos a inventar a Dios para sentirnos seguros. Sin embargo, también existen necesidades psicológicas que podrían llevarnos a negar que Dios existe. El agnóstico o ateo puede estar usando su agnosticismo o ateísmo como una muleta para evitar la responsabilidad de las demandas de Dios.

El Dios de la Biblia es asombroso y una amenaza para la humanidad. Un Dios que es todopoderoso, omnisciente, recto, santo y justo, y que va a juzgar al mundo por su pecado, es una figura extremadamente imponente. Por lo tanto, es justo señalar que algunos necesitan la muleta de negar la existencia de Dios para vivir sus vidas como les plazca sin temor al juicio.

Aldous Huxley articuló esto en Fines y Medios: "Para mí, la filosofía de lo sin sentido era esencialmente un instrumento de liberación, sexual y política" (Ends and Means [Fines y Medios], p 270 ff.).

La verdad de la fe cristiana no se basa en necesidades psicológicas a favor o en contra de Dios. Sí, es posible que el cristianismo haya comenzado porque la gente necesita algo en lo que apoyarse, pero la pregunta no es cómo pudo haber comenzado, sino cómo comenzó.

De nuevo somos traídos de vuelta al verdadero problema, que es la persona de Jesucristo. ¿La humanidad necesita apoyarse en Él, o podemos apoyarnos en otra cosa?

Jesús dejó el asunto muy claro: “Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. 

Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, soplaron los vientos y azotaron aquella casa. Esta se derrumbó, y grande fue su ruina” (Mateo 7:24–27, NVI).

También se podría decir de esta manera. Una muleta presupone dos cosas: (1) que hay una enfermedad, dolencia o herida, y (2) que a una persona se le ha dado algún tipo de remedio o apoyo (por eso tiene la muleta).

Con el cristianismo, Dios declara claramente que la enfermedad es el pecado, y que la enfermedad es real. No es una ayuda psicológica imaginaria que necesita una solución religiosa como propondría Marx. Más bien, el remedio en lugar de ser una muleta religiosa, es una relación con Jesucristo.

Por lo tanto, el cristianismo en un sentido es una muleta. Pero es más que una muleta; es el fundamento seguro, la verdad de la vida.

Si Jesucristo es Dios y murió en la cruz por nuestros pecados y nos creó para estar en comunión con Dios el Padre a través de Él, entonces llamarlo muleta sería como una bombilla que le dice a una toma de corriente: "Tú eres mi muleta. "Así como una bombilla fue creada para funcionar correctamente cuando se inserta en el zócalo, así hemos sido creados para funcionar correctamente en una relación personal con Dios a través de Jesucristo.

“As the kings of the earth and the mighty men of the earth are born in exactly the same way physically as the simplest men, so the most intellectual person must become a Christian in exactly the same way as the simplest person.  

This is true for all men everywhere, through all space and all time. There are no exceptions. Jesus said in a totally exclusive word: `No man cometh unto the Father, but by me’” (John 14:6, KJV) (Francis Schaeffer, True Spirituality, p. 1).

Jesus said that to enter the kingdom of heaven a person must be “born again” (John 3:3). This consists of an act of the heart in believing in Jesus Christ as Lord and Savior.

Jesus said that to enter the kingdom of heaven a person must be “born again” (John 3:3). This consists of an act of the heart in believing in Jesus Christ as Lord and Savior. When we were born into the world physically, we were born spiritually dead, and therefore we need a spiritual birth. The spiritual birth involves two facets.

The first is to realize that we cannot make it on our own. We are sinners who need help.

What is a sinner? A sinner is someone who is separated from God, has chosen to go his own way and cannot get back to God on his own because of his sin.

Sin can be simply characterized as our own self-centered pride and selfishness. More specifically, sin is the violation of a holy God’s standard of righteousness.

Thus, we must own up to the fact that we need a Savior, someone who will accomplish all that God requires.

The only person ever to do this was Jesus Christ. He lived the only life that was acceptable to God.

He died as a substitute on the cross for our sins, because we have no chance of pleasing God on our own merit. Thus the initial step is to realize that we all have sinned, broken God’s law and deserve judgment as a result. The Bible says, “The wages of sin is death” (Romans 6:23, KJV).

Once a person sees his hopeless condition and realizes that Jesus Christ offers an answer, the next step is to receive that offer personally, for “the gift of God is eternal life through Jesus Christ our Lord” (Romans 6:23, KJV).

When a person receives Christ as his Savior by accepting God’s gift, at that moment he becomes born again.

It is so easy a child can do it, but it is hard because we first have to realize that we cannot do it on our own. Jesus said to enter the kingdom of heaven, a person must be willing to humble himself as a child, and only then will God receive him (Matthew 18:3).

How about you? Have you done this? Have you been born again? If you wish to do it, we offer this prayer that you might pray: “Lord Jesus, I know that I’m a sinner; I realize that I can’t make it on my own. Thank You for dying for me. Right at this moment, the best way I know how, I trust You as my Savior and Lord, in Jesus’ name. Amen.”

One thing which is important to note, though, is that it is not the reciting of the above words which makes the difference.

There is nothing magical in them; anyone can repeat a sentence. It is the attitude of your heart and your desire when you pray and trust Christ that makes the difference.

If you are still doubtful how this all applies to you, watch videos here or click here for different languages or more answers.

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Creyendo en Fe

One major excuse that people use in their refusal to embrace Christianity concerns hypocrites in the church, both past and present. People like to point to past misdeeds done in the name of Christ, such as the Spanish Inquisition, witch trials and other horrible acts.

Then, there are the present-day examples of preachers, deacons, or church leaders who have been caught in alcoholism, adulterous relationships or some other inconsistency with what they say they believe. This type of behavior has led many to say, “If that’s what Christianity is all about, then I don’t want any part of it.”

It must be admitted that there has been hypocrisy in the church, and today we are not exempt from people who are hypocritical. A hypocrite is an actor, one who puts on a false face. He says one thing but does another. However, just because the church contains hypocrites does not mean that all Christians are hypocrites. With every example of hypocrisy that can be pointed to in the church, a counter example can be pointed out showing people who are living consistently with the teaching of Jesus Christ.

It is important not to confuse hypocrisy with sin. All Christians are sinners, but not all Christians are hypocrites. There is a misconception that a Christian is a person who claims that he does not sin, but the truth is that to call oneself a Christian is to admit to being a sinner (1 John 1:5—2:2). All believers, including the clergy, are fallible human beings who are prone to all types of sin. Just because a person is not perfect does not mean that he is a phony. The distinction between the two is important. The failures of the believers do not invalidate the truth. Jesus Christ had very harsh words for people who were committing the sin of hypocrisy, especially the religious leaders of his day. He denounced them in no uncertain terms.

“Woe to you, teachers of the law and Pharisees, you hypocrites! You travel over land and sea to win a single convert, and when you have succeeded, you make them twice as much a child of hell as you are.” (Matthew 23:15, NIV).

People can and do enter the ministry for the wrong reasons, or they can compromise the convictions of the faith. When people do this they are wrong, and the Bible denounces this clearly. Christianity does not stand or fall on the way Christians have acted throughout history or are acting today. Christianity stands or falls on the person of Jesus, and Jesus was not a hypocrite. He lived consistently with what He taught, and at the end of His life He challenged those who had lived with Him night and day, for over three years, to point out any hypocrisy in Him. His disciples were silent because there was none. Since Christianity depends on Jesus, it is incorrect to try to invalidate the Christian faith by pointing to horrible things done in the name of Christianity.

The non-believer cannot be excused from believing just because it is possible to point to those who simply pretend to be what they are not. Hypocritical Christians cannot be excused on the basis of not being perfect because of the terrible effects hypocrisy has.

Let’s look at one illustration of the reasoning involved in this question. For example, let’s say the president of a large car company is always advertising and telling his friends that a certain make of car in his company is the best in the country and the only car we should be driving. In fact, a number of automotive magazines and consumer groups have backed up some of his claims. But yet, when you see this man, he is driving the competition’s leading model! (Perhaps he likes their colors better.) You say, what a hypocrite! If he believed all that stuff about his car, and he’s in a position to know, then he’d be driving one. That is probably true. Yet his being a hypocrite does not invalidate the claim that his car may be the best one in the country.

The same is true of Christianity. People may claim it’s true, yet have lives inconsistent with their claim, but this does not necessarily mean Christianity is not true.

No matter where we go or what subject we are speaking on, this question always seems to come up. Many times it is asked to relieve the individual of any personal responsibility to God.

It must be kept in mind, however, that the answer to this question does not determine whether Christianity is true or not. That matter has already been solved in Jesus Christ by His resurrection from the dead. The matter of authority has been solved once and for all, and this issue of those who haven’t heard is now merely a matter of interpretation.

The best way to deal with this question is to state certain truths that the Scripture make very plain. The Bible is very clear that no one can come to God except through Jesus Christ.

Jesus said, “No one comes to the Father except through Me” (John 14:6, MLB). The only basis for forgiveness of sin and life everlasting is the way made by Jesus. Many people think this implies that those who have never heard about Jesus will be automatically damned. However, we do not know this is the case.

Although the Scriptures never explicitly teach that someone who has never heard of Jesus can be saved, we do believe that it infers this. We do believe that every person will have an opportunity to repent, and that God will not exclude anyone because he happened to be born at the wrong place and at the wrong time.

Jesus said, “If any man will do his will, he shall know of the doctrine, whether it be of God, or whether I speak of myself” (John 7:17, KJV).

The Bible also reveals that no one has any excuse. “For what can be known about God is plain to them, because God has shown it to them. Ever since the creation of the world his invisible nature, namely, his eternal power and deity, has been clearly perceived in the things that have been made. So they are without excuse” (Romans 1:19–20, RSV).

It is a fact that all of mankind can tell that a creator does exist, because His creation testifies to it. This testimony is universal. Although the people have enough information that God does exist, they become wilfully ignorant of the things of God because their hearts are evil.

The Bible teaches that the unbelieving individual is “holding down the truth in unrighteousness” (Romans 1:18, Lit. Trans). Moreover, the Scriptures relate that man is not seeking after God but actually running from Him. “There is none that seeketh after God” (Romans 3:11, KJV). Therefore, it is not a case of God refusing to get His Word to someone who is desperately searching for the truth.

We also know that it is God’s desire that none “should perish but that all should come to repentance” (II Peter 3:9, KJV). This indicates that God also cares for those persons who have not heard the gospel. He has demonstrated this by sending His Son to die in their place. “While we were yet sinners, Christ died for us” (Romans 5:8, KJV).

The Bible teaches that God is going to judge the world fairly and righteously. “Because he hath appointed a day, in which he will judge the world in righteousness” (Acts 17:31, KJV). This means that when all the facts are in, God’s name will be vindicated and no one will be able to accuse Him of unfairness.

Even though we may not know how He is going to deal with these people specifically, we know that His judgment is going to be fair. Just this fact alone should satisfy anyone who wonders how God is going to deal with people who have never heard of Jesus Christ.

The Bible itself testifies to the fact that there are those who will hear and respond out of every people on the earth. “For you were killed, and have redeemed us to God by your blood out of every kindred, and tongue, and people, and nation” (Revelation 5:9).

The Bible gives an example of a man who was in a situation not unlike many today. His name was Cornelius. He was a very religious man who was constantly praying to God. He had not heard of Jesus Christ, but he was honestly asking God to reveal Himself to him.

God answered the prayer of Cornelius, and sent the apostle Peter to him to give him the full story of Jesus. When Peter preached to him, Cornelius put his trust in Christ as his Savior. This example demonstrates that anyone who is sincerely desiring to know God will hear about Jesus.

There are people today, like Cornelius, who are praying the same prayer to know the true and living God, and they are being reached no matter where they might live. Simon Peter stated, “I perceive that God is no respecter of persons: But in every nation he that feareth him, and worketh righteousness, is accepted with him” (Acts 10:34–35, KJV).

The Scriptures contain other examples of individuals who were accepted by God, even though their knowledge of Him was limited. Rahab, the prostitute, had only the smallest amount of knowledge of God, but the Bible refers to her as a woman of faith, and her actions were commended (Joshua 2:9; Hebrews 11:31).

Naaman, the Syrian, was granted peace with God because he exercised faith, even though he was living in the midst of a pagan culture (II Kings 5:15–19). Jonah, the prophet, was sent to Nineveh, a heathen society, and they repented at his preaching (Jonah 3:5).

No one will be condemned for not ever hearing of Jesus Christ. That person will be condemned for violating his own moral standard. “For as many as have sinned without law shall also perish without law: and as many as have sinned in the law shall be judged by the law; (For not the hearers of the law are just before God, but the doers of the law shall be justified.

“For when the Gentiles, which have not the law, do by nature the things contained in the law, these, having not the law, are a law unto themselves: Which shew the work of the law written in their hearts, their conscience also bearing witness, and their thoughts the mean while accusing or else excusing one another;) In the day when God shall judge the secrets of men by Jesus Christ according to my gospel” (Romans 2:12–16, KJV).

Based on the above examples from Scripture, it can be seen that God will fairly judge all mankind and that no one can claim that he or she received an unfair hearing. Therefore, the people who ask this question should be very careful not to use this as an excuse for not coming to Christ.

What you think might happen or might not happen to someone else does not relieve your responsibility on Judgment Day. Although we might not be able to answer the question about those who haven’t heard to the satisfaction of everyone, there are certain things that the Bible has made clear.

One person put it this way, “Many things in the Bible I cannot understand; many things in the Bible I only think I understand; but there are many things in the Bible I cannot misunderstand” (Anonymous).

Christians are now and have always been in the minority. Most of the people presently living have not trusted Jesus Christ as their Savior. This, however, is exactly as Jesus said it would be. “Small is the gate and narrow the road that leads to life, and only a few find it.” (Matthew 7:14, NIV). This has been the case throughout all of history. There are several reasons why a large part of humanity has rejected Jesus as their Savior.

One reason people do not become Christians is out of ignorance. This is not ignorance that there is a God or a person named Jesus Christ, but rather ignorance to the facts validating the Christian faith. Many times this ignorance is self-imposed. Some people are not even bothering to consider the claims of Christ, while others are actively refusing to believe.

Many people claim they have intellectual problems with the Christian faith, when usually what they have are intellectual or emotional excuses. We are aware of many people who, after having been presented the facts of Christianity, have readily admitted that they know Christianity is true, yet they still refuse to become Christians.

This, therefore, is not a problem of the mind, but of the will. It is not that they cannot become Christians; it is more of a matter that they will not become Christians. The Bible teaches that humanity is attempting to suppress the truth of God (Romans 1:18). People are ignorant of the credentials of Jesus, by and large, because they want to be.

Another reason is the simplicity of the gospel. It is so simple to become a Christian that even a child can do it. In fact, to enter the kingdom of heaven, Jesus taught that we must become as children (Matthew 18:3). In simple faith, we must place our trust in Christ whether we be college professors or people who have never finished grammar school.

The apostle Paul said concerning the simplicity of the gospel, “For ye see your calling, brethren, how that not many wise men after the flesh, not many mighty, not many noble, are called: But God hath chosen the foolish things of the world to confound the wise; and God hath chosen the weak things of the world to confound the things which are mighty… That no flesh should glory in his presence” (I Corinthians 1:26, 27, 29, KJV).

Paul taught, as did Jesus, that Christians would never be in the majority, and that not many prominent people would believe in Jesus. Although there have not been many great men and women in history who have trusted Jesus, there have been some.

Further, people don’t become Christians because of the mistaken idea of what really is a Christian. Many think Christianity is a religion with a set of negative commandments saying, “Don’t do this or don’t do that.” They get the idea that, when you believe in Jesus, you resign yourself to a life of unhappiness, restrictions, and boredom.

Since no one wants to live that way, they write off Christianity as something to which they don’t want to commit their lives. It is a sad fact that some Christians give the impression to the world that their faith consists only of a group of negative commandments. Nothing could be further from the truth.

When a person trusts Jesus as Saviour, he becomes truly free. Jesus said, “If the Son therefore shall make you free, ye shall be free indeed” (John 8:36, KJV). Jesus Christ is in the business of setting men and women free from things that have them in bondage so that they can be the type of people they were meant to be.

As believers, we are free to do what we want to do and not do what we don’t want to do. The Christian life is anything but boring, because there is the daily joy and excitement of knowing the living God and experiencing all the good things He has in store for us. “Delight thyself also in the Lord; and he shall give thee the desires of thine heart” (Psalms 37:4, KJV).

Some people don’t become Christians because of guilt feelings. They have lives in which they’ve committed many ugly acts and crimes, and they don’t believe they can be forgiven by God and that a decent life can be given to them. However, the Bible clearly teaches that anyone, without exception, who seeks God and desires to be forgiven of his sins will be forgiven.

There is no sin that’s too great to stop someone from going to heaven except the sin of unbelief. If a person refuses to believe in God’s provision for his sin—the person of Jesus Christ—then there is no hope for him. Jesus said, “Him that cometh to me I will in no wise cast out” (John 6:37, KJV).

The Bible says, “For God so loved the world, that he gave his only begotten Son, that whosoever believeth in him should not perish, but have everlasting life” (John 3:16, KJV). You and I are included in that “whosoever.” If you will come to Jesus, He has promised to forgive you of your sins, and He will allow you to start over again with a clean slate, no matter how corrupt you have been.

Another reason some refuse to accept Jesus is because of some specific sin in their life. They realize that, if they become a believer, they will have to stop committing that certain sin, and they do not want to stop. Jesus said, “And this is the condemnation, that light is come into the world, and men loved darkness rather than light, because their deeds were evil” (John 3:19, KJV).

Many people love their sin to the point that they will miss getting to heaven. To become a Christian, a person must repent (change his heart and mind) of his sins, and this many people are not willing to do even though Jesus said, “Except ye repent, ye shall all likewise perish” (Luke 13:3, KJV).

In addition, people refuse to believe in Jesus because of self-centeredness. Someone has said—correctly, we believe—that Christianity is the easiest religion in the world to believe, and it is also the most difficult religion in the world to believe.

It is the easiest because God has done everything for us that needs to be done, and it is impossible to add to the work of Christ. It is the most difficult because we have to admit to ourselves and to God that we cannot do anything to save ourselves.

Our pride does not like that, since we want to work out our own salvation our way. Human nature desires that we dictate our own terms, but God will accept us only on His terms, and this fact keeps many people out of the kingdom.

There are many reasons why people reject Christ, but there are no good reasons.

Every single college, it seems, has the campus atheist who says, “Christianity is for the weaklings; it is just a crutch.”

Karl Marx’s famous line, “Religion is the opiate of the masses,” is still a common view of many. Those who call themselves Christians are seen as people who need something to enable them to cope with the problems of life. Some people use alcohol, some drugs, others Christianity to get themselves through this difficult world.

The fact of the matter is we all do need a crutch to get by in this world. We are all crippled in some sense, and down deep inside there is a desire for something to sustain us. The real issue is, “Is this crutch we call Christianity true, or is it something on the same level as drugs or alcohol, invented to meet an admitted need?”

There are definite psychological needs, fear of danger, disease, and death, that might prompt us to invent God so that we would feel secure. However, there are also psychological needs that might lead us to deny that God exists. The agnostic or atheist may be using his agnosticism or atheism as a crutch to avoid the responsibility of God’s demands.

The God of the Bible is awesome and a threat to mankind. A God who is all-powerful, all-knowing, righteous, holy, and just, and who is going to judge the world for its sin, is an extremely imposing figure. Thus it is only fair to point out that some need the crutch of denying God’s existence in order to live their lives as they please without fear of judgment.

Aldous Huxley articulated this in Ends and Means: “For myself, the philosophy of meaningless was essentially an instrument of liberation, sexual and political” (Ends and Means, p. 270 ff.).

The truth of the Christian faith is not based upon psychological needs for or against God. Yes, it is possible that Christianity could have started because people need something to lean on, but the question is not how it could have started but how it did start.

We again are brought back to the real issue, which is the person of Jesus Christ. Does mankind need to lean on Him, or can we lean on something else?

Jesus made the issue very clear, “Therefore everyone who hears these words of mine and puts them into practice is like a wise man who built his house on the rock. The rain came down, the streams rose, and the winds blew and beat against that house; yet it did not fall, because it had its foundation on the rock.

But everyone who hears these words of mine and does not put them into practice is like a foolish man who built his house on sand. The rain came down, the streams rose, and the winds blew and beat against that house, and it fell with a great crash.”(Matthew 7:24–27, NIV).

One could also state it this way. A crutch presupposes two things: (1) that there is a disease, sickness, or hurt, and (2) that a person has been given some type of a remedy (this is why he has the crutch).

Two questions immediately arise. First, what is this disease? Is it real or imagined? And second, is the remedy the correct one for the disease?

With Christianity, God clearly states that the disease is sin, and that the disease is real. It is not a psychological, imaginary hand-up in need of a religious fix as Marx would propound. Rather, the remedy instead of being a religious crutch, is a relationship with Jesus Christ.

Therefore, Christianity in one sense is a crutch. But it is more than a crutch; it is the sure foundation, the truth of life.

If Jesus Christ be God and died on the cross for our sins and created us to be in fellowship with God the Father through Him, then to call Him a crutch would be like a light bulb saying to an electrical socket, “You are my crutch.” As a light bulb was created to function properly when inserted into the socket, so we have been created to function properly in a personal relationship with God through Jesus Christ.

Many times during conversations relating to truth, particularly religious truth, someone asks the question, “Can you prove Christianity to be true?” Most often, however, the question is phrased, “Can you say 100% for certain that Christianity is true?”

The answer to the first question is, “Yes, Christianity can be proven to be true.” This, of course, does not mean that everyone will accept the evidence, however good it is. But the answer to the second question is, “No, not 100% for certain.”

Some people feel that this “no” lets them off the hook. The problem is a misunderstanding of the nature of proof. The key is not a perfect or absolute certainty, as some believe, but a standard of proof that amounts to a moral certainty or puts the matter beyond a reasonable doubt.

This is the standard used in our courts of law historically. When a judge charges a jury, he or she tells them to decide based on probability, not certainty; based on the evidence presented, not the certainty of having viewed the crime. If jury decisions were delayed until 100% certainty existed, no verdict would ever be rendered.

Everybody makes the decisions of life based on probability, not certainty. Decisions are based on a combination of faith related to fact. For example, a person about to cross a road stands on one side, looks both directions (hopefully he does!), collecting the evidence necessary to determine the probability of making the journey across in safety.

He can never be 100% certain that he will make it. He could have a heart attack halfway across, an earthquake could swallow him, etc. The lack of 100% certainty doesn’t keep him on the side of the road, however. He moves out toward the other side with maybe 90% certainty and 10% faith, but he must take himself 100% across.

Many people seem to demand absolute certainty in religious matters, when they don’t apply the standard of absolute certainty to anything else of major importance. The atheist cannot even be 100% certain of his belief, “There is no God.”

To deny the existence of God necessitates admitting the possibility of His existence. People do not stop making decisions because they cannot reach absolute certainty. A high standard of proof is needed, but not an unreasonable one, like the demand for 100% certainty.

Just as the man crossing the street didn’t need 100% certainty to take those steps across, neither does anyone need 100% certainty to make a decision to believe in Christianity, in Jesus Christ.

Christianity claims a moral certainty, to anyone who is willing to take the evidence and weigh and evaluate it. Christianity claims an external verification through evidence, as well as an internal witness through God.

To those outside the Christian faith, Christianity can be shown to rest on strong evidence and have a high degree of probability for its truth claims. But when a person becomes a Christian, the “assurance” or “certainty” becomes a reality. Christianity from a “morally certain” standpoint becomes as undeniable as one’s own existence.

Between the two of us, we have spoken to millions of students, professors, businessmen, and laymen about the evidence for the Bible and Jesus Christ. We have probably not met more than a half dozen people who, after hearing the facts, still claimed an intellectual problem with accepting Christianity as true.

The problem is not a matter of “I can’t believe because the facts won’t let me” so much as a matter of “No matter what proof, I won’t believe.” If anyone is truly interested in evaluating the evidence for proof of Christianity’s truth, the words of Jesus are applicable: “If any man is willing to do His will, he shall know of the teaching, whether it is of God, or whether I speak from Myself” (John 7:17, NASB).

A question we hear often is, “Does it really matter what I believe as long as I believe in something?” Or, “As long as your belief helps you, isn’t that all that matters?”

The idea behind statements such as these is that there is no absolute truth to believe in, and thus the act of believing is all there is. We all believe in something, as Edgar Sheffield Brightman states, “A thinker cannot divest himself of real convictions, and it is futile to pose as having none” (E.S. Brightman in H.N. Wieman, B.E. Meland (eds.), American Philosophies of Religion, New York, Harper & Brothers, 1936).

The idea of finding any truth or meaning to life has escaped modern man. This statement reflects the inability to conceive of something outside of one’s self: “There are no rules by means of which we would discover a purpose or a meaning of the universe” (Hans Reichenbach, The Rise of Scientific Philosophy, p. 301).

Even though we live in a day in which we all have definite beliefs about things, the climate seems to be the act of belief rather than any real object of belief. “Be not afraid of life. Believe that life is worth living, and your belief will help create the fact,” states pragmatist William James.

Unfortunately, this is not the case. Belief will not create fact. Truth is independent of belief. No matter how hard I may try, believing something will not make it true. For example, I may believe with all my heart that I want it to snow tomorrow, but this will not guarantee snow. Or I may believe that my run-down old car is really a new Rolls Royce, but my belief won’t change the fact.

Belief is only as good as the object in which we put our trust. Someone may come to me and say, “Hey, let’s go for a ride in my new plane!” If I come to find out that his plane hardly runs at all and he does not even have a pilot’s license, then my faith, no matter how much I have, is not well-founded.

My faith won’t create a great pilot out of my friend once we are in the sky! However, if another friend of mine comes along and makes the same offer, but he is a certified pilot with a new plane, then my trust has a much more solid base. So it does matter what I believe, for my believing it does not make it true.

The Bible also emphasizes the fact that it is vital what one believes. Jesus said, “If you do not believe that I am He, you will die in your sins” (John 8:24, MLB). We are also told, “Whoever believes in the Son has eternal life, but whoever rejects the Son will not see life, for God’s wrath remains on them.” (John 3:36, NIV).

Thus, the stress of the Scriptures is not so much on the act of belief as on the object of belief. What is emphasized is not so much the one trusting, but rather the one trusted. Jesus said, “I am the way and the truth and the life. No one comes to the Father except through me.” (John 14:6, NIV).

People today are believing whatever they wish to believe, but this will lead to their ultimate destruction. The famous classroom story of the philosopher, Georg Hegel, illustrates the type of faith many people display, which is entirely unbiblical. Hegel, as the story goes, was expounding on his philosophy of history with reference to a particular series of events when one of his students objected to Hegel’s view and replied, “But, Herr Professor, the facts are otherwise.”

“So much worse for the facts,” was Hegel’s answer.

One of the darkest periods in the history of Israel occurred in the time of the kings. During this time, there was a contest between the Lord God and Baal, a highly regarded cult deity.

An altar of wood was built, with pieces of an oxen laid upon it as a sacrifice. The god who answered by fire and consumed the sacrifice would be acknowledged as the true god in Israel. Baal went first.

If anyone could start a fire from the sky, it was Baal—the great nature god who controlled the weather (e.g., rain, thunderstorms, lightning). The priests of Baal paraded around the altar all morning and until late afternoon, beseeching Baal to respond.

These false priests jumped all over the altar, cut themselves with swords, danced into a frenzy, raved and pleaded all day. Yet nothing happened. No one can say they were not sincere or did not believe.

After they were finished and the altar was rebuilt, the Lord God answered with fire from heaven and consumed the altar and sacrifice. The false prophets of Baal were then slain.

If sincerity and belief saved, then these prophets should have been spared. But they do not. These prophets had their trust in the wrong object. They had never chosen to investigate the truth. God requires man to put his faith in Jesus Christ; nothing less will satisfy either them or Him.

Answers to Tough Questions that Skeptics Ask About the Christian Faith, Pg. 162

One of the most haunting questions we face concerns the problem of evil. Why is there evil in the world if there is a God? Why isn’t He doing something about it? Many assume that the existence of evil disproves the existence of God.

Sometimes the problem of evil is put to the Christian in the form of a complex question, “If God is good, then He must not be powerful enough to deal with all the evil and injustice in the world since it is still going on. If He is powerful enough to stop wrongdoing, then He Himself must be an evil God since He’s not doing anything about it even though He has the capability. So which is it? Is He a bad God or a God that’s not all powerful?” Even the biblical writers complained about pain and evil. “Evils have encompassed me without number” (Psalm 40:12, RSV). “Why is my pain unceasing, my wound incurable, refusing to be healed?” (Jeremiah 15:18, RSV). “The whole creation has been groaning in travail together until now” (Romans 8:22, RSV). Thus we readily admit that evil is a problem and we also admit that if God created the world the way it is today, He would not be a God of love, but rather an evil God.

However the Scriptures make it plain that God did not create the world in the state in which it is now, but evil came as a result of the selfishness of man. The Bible says that God is a God of love and He desired to create a person and eventually a race that would love Him. But genuine love cannot exist unless freely given through free choice and will, and thus man was given the choice to accept God’s love or to reject it. This choice made the possibility of evil become very real. When Adam and Eve disobeyed God, they did not choose something God created, but, by. their choice, they brought evil into the world. God is neither evil nor did He create evil. Man brought evil upon himself by selfishly choosing his own way apart from God’s way.

Because of the Fall, the world now is abnormal. Things are not in the state that they should be in. Man, as a result of the Fall, has been separated from God. Nature is not always kind to man and the animal world can also be his enemy. There is conflict between man and his fellowman. None of these conditions were true before the Fall. Any solution that might be given to the problems mankind faces must take into consideration that the world as it stands now is not normal.

Although evil is here and it is real, it is also temporary. Evil will eventually be destroyed. This is the hope that the believer has. There is a new world coming in which there will be no more tears or pain because all things will be made new (Revelation 21:5). Paradise lost will be paradise regained. God will right every wrong and put away evil once for all, in His time.

Christians have a justification for fighting evil, immorality and corruption. The world was not designed with evil in mind and the believer has a real basis for fighting social ills. He is not following the belief that whatever is, is right. The Christian does not condone wrongdoing by claiming it is God’s world, neither does he assume that everything that happens is agreed to by God. God does not desire evil nor does he ever condone it. He hates evil, and the Christian also is not only to despise evil, he is obligated to do something about it. Even though sin is real, it is not something that the believer accepts as the way things ought to be. By identifying with Jesus, the believer has a duty to call things wrong that are wrong and to speak out when evil is overtaking good. The Christian is not fighting against God by fighting social problems. Natural disasters, crime, and mental retardation should not be the accepted order of things, because they were never meant to be and they will not be in God’s future kingdom.

However, some people are still bothered that God even allows evil in the first place. They question His wisdom in giving man a choice in the matter. Dorothy Sayers put the problem of evil in the proper perspective: “For whatever reason God chose to make man as he is— limited and suffering and subject to sorrows and death—He had the honesty and the courage to take His own medicine. Whatever game He is playing with His creation, He has kept His own rules and played fair. He can exact nothing from man that He has not exacted from Himself. He has Himself gone through the whole of human experience, from the trivial irritations of family life and the cramping restrictions of hard work and lack of money to the worst horrors of pain and humiliation, defeat, despair and death. When He was a man, He played the man. He was born in poverty and died in disgrace and thought it well worthwhile” (Dorothy Sayers, Creed or Chaos? New York, Harcourt Brace, 1949, p. 4).

The Bible tells us that God’s purposes are sometimes beyond our understanding. “For My thoughts are not your thoughts, neither are your ways My ways, declares the Lord. For as the heavens are higher than the earth, so are My ways higher than your ways, and My thoughts than your thoughts” (Isaiah 55:8, 9, NASB). Paul, in a similar vein, wrote to the church at Rome, “Oh, the depth of the riches both of the wisdom and knowledge of God! How un­searchable are His judgments and un­fathomable His ways” (Romans 11:33, NASB).

Although the Bible informs us how and why evil came about, it does not tell us why God allowed it to happen. However, we do know that God is all-wise and all-knowing and that He has reasons for allowing things to happen that are beyond our comprehension.

Dificultades Bíblicas

One of the so-called contradictions that we hear brought up concerns the disagreement between the Gospel of Mark and the Gospel of John as to the time of the crucifixion of Jesus.

Mark 15:25 (KJV) states, “and it was the third hour, and they crucified him,” while in John 19:14 (KJV) we read, “And it was the preparation of the passover, and about the sixth hour: and he saith unto the Jews, Behold your King!”

This does indeed present a difficulty, since Mark has Jesus being crucified at the third hour, or nine o’clock in the morning, according to Jewish reckoning, while John places Jesus before Pontius Pilate at about the sixth hour, or noon.

Many say this discrepancy is impossible to reconcile, while others say the difference between the two is a result of a mistake early in the copying process. Neither of these two views is plausible or acceptable.

There are two possible solutions which carry reasonable weight. One solution centers on the word “about” in John’s statement of the time. He reveals that it was not exactly the sixth hour, but only about this time.

Also, Mark’s account does not force us to believe that it was at exactly 9 a.m. when Jesus was put on the cross. This can be observed by understanding the way the New Testament calculates time.

The night was divided into four watches, each consisting of three hours (see Mark 13:35), and the day was to some extent likewise divided into periods. In light of this, we can imagine that Mark’s statement about the “third hour” simply meant that Jesus was crucified sometime during the third hour (between nine o’clock and noon), while John’s statement that the trial ended about noon can mean before noon.

Thus, if the crucifixion took place between nine o’clock and noon, Mark could have placed it at the earlier period (nine o’clock) and John at the later period (noon) without there being any discrepancy.

“If the crucifixion took place midway between nine and twelve o’clock, it was quite natural that one observer should refer it to the former, while another referred it to the latter hour.

“The height of the sun in the sky was the index of the time of the day; while it was easy to know whether it was before or after midday, or whether the sun was more or less than halfway between the zenith and the horizon, finer distinctions of time were not recognized without consulting the sun dials, which were not everywhere at hand” (The Expositor’s Greek New Testament, commenting on John 19:14).

Another possibility is that John is using a different method of reckoning time than Mark. We know for a fact, from Plutarch, Pliny, Aulus Gellius, and Macrobius, that the Romans calculated the civil day from midnight to midnight, just as we do today.

Thus John’s “sixth hour” would be six o’clock in the morning. This would make 6 a.m. the time of the last of the trials of Jesus, and of His sentencing, giving adequate time for the events leading up to the crucifixion which, in Mark, was at 9 a.m. or afterward.

There is good evidence that John used this method of computing time. This is not unusual in Scripture to have different authors use different methods of measuring time and determining dates.

In the Old Testament, the writers often would state their important dates by the calendar system of the country they were serving under at that time. For instance, in Jeremiah 25:1 and 46:2, the time was by Palestinian reckoning, and Daniel 1:1 was Babylonian reckoning, the same year.

A New Testament example is John 20:19. The evening of the day Jesus rose from the dead is considered part of that same day. Apparently John is not reckoning by Jewish time. According to the Jewish system of reckoning time, the evening in question would be part of Monday, the first day of the week, since the Jewish day began at sunset.

This possible factor, along with the one previously mentioned, shows that the difficulty in these two passages is not at all impossible to solve, nor does it pose any difficulty that is without a reasonable explanation.

A problem that has perplexed many careful students of the Bible concerns the accounts of the denial of Christ by Simon Peter. Jesus said to Peter, “Truly I say to you that this very night, before a cock crows, you shall deny Me three times” (Matthew 26:34, NASB).

Matthew records the fulfillment of this prediction, “And immediately the cock crew. And Peter remembered the word of Jesus, which said unto him, Before the cock crow, thou shalt deny me thrice. And he went out, and wept bitterly” (Matthew 26:74, 75, KJV).

The problem comes when we read Mark’s version, “and Jesus saith unto him, Verily I say unto thee, That this day, even in this night, before the cock crow twice, thou shalt deny me thrice” (Mark 14:30, KJV). The fulfillment reads, concerning Peter, “He went out into the porch” (Mark 14:68, KJV), and later, in verse 72, “the second time the cock crew.”

Peter called to mind the word that Jesus said to him, “Before the cock crowtwice, thou shalt deny me thrice. And when he thought thereon, he wept.” Was it before the cock crowed once or twice that Peter denied Jesus? Luke and John give the same basic account as Matthew, making Mark’s statement seemingly at variance with the other three.

This problem is not as unresolvable as it may seem. It is quite reasonable that Jesus made both statements. He told Peter that he would deny Him before the crowing of the cock, and his denial would occur before it had crowed twice.

What we have, therefore, is Mark recording the story in more detail. This would seem natural since Mark wrote his Gospel under the influence of Simon Peter, and it would be natural for him to further detail this story, seeing that he is one of the main characters.

Thus we have all four evangelists recording that Jesus predicted Peter’s denial of Jesus, with Mark adding further details. A possible reconstruction would be the following: Jesus reveals to Peter that before the cock crows, Peter will deny Him three times.

Peter, as was his way, probably objected loudly to this idea that he would deny his Lord. Jesus then in turn repeats His earlier prediction, along with a further note that before the cock crows twice Peter will deny Him three times. (This harmony fits well with Mark’s account in his Gospel.)

Furthermore, the clause, “Before a cock crows, you shall deny Me three times” (Matthew 26:34, NASB), is not contradicted by Mark relating that after Peter had denied Jesus the first time, the cock crowed. The cock crow was the sign that morning was soon to appear, and the phrase, “the time of the cock crow,” is another term for dawn.

When Jesus is referring to the cock crowing twice, he is predicting a crowing of the cock in the middle of the night long before daybreak.

“Observation over a period of 12 years in Jerusalem has confirmed that the cock crows at three distinct times, first about a half hour after midnight, a second time about an hour later, and a third time an hour after the second” (William Lane, The Gospel According to Mark, p. 543).

When all the facts are considered, the problem of Peter’s denial is not at all a blatant contradiction, but can be harmonized.

One of the so-called contradictions that we hear brought up concerns the disagreement between the Gospel of Mark and the Gospel of John as to the time of the crucifixion of Jesus.

Mark 15:25 (KJV) states, “and it was the third hour, and they crucified him,” while in John 19:14 (KJV) we read, “And it was the preparation of the passover, and about the sixth hour: and he saith unto the Jews, Behold your King!”

This does indeed present a difficulty, since Mark has Jesus being crucified at the third hour, or nine o’clock in the morning, according to Jewish reckoning, while John places Jesus before Pontius Pilate at about the sixth hour, or noon.

Many say this discrepancy is impossible to reconcile, while others say the difference between the two is a result of a mistake early in the copying process. Neither of these two views is plausible or acceptable.

There are two possible solutions which carry reasonable weight. One solution centers on the word “about” in John’s statement of the time. He reveals that it was not exactly the sixth hour, but only about this time.

Also, Mark’s account does not force us to believe that it was at exactly 9 a.m. when Jesus was put on the cross. This can be observed by understanding the way the New Testament calculates time.

The night was divided into four watches, each consisting of three hours (see Mark 13:35), and the day was to some extent likewise divided into periods. In light of this, we can imagine that Mark’s statement about the “third hour” simply meant that Jesus was crucified sometime during the third hour (between nine o’clock and noon), while John’s statement that the trial ended about noon can mean before noon.

Thus, if the crucifixion took place between nine o’clock and noon, Mark could have placed it at the earlier period (nine o’clock) and John at the later period (noon) without there being any discrepancy.

“If the crucifixion took place midway between nine and twelve o’clock, it was quite natural that one observer should refer it to the former, while another referred it to the latter hour.

“The height of the sun in the sky was the index of the time of the day; while it was easy to know whether it was before or after midday, or whether the sun was more or less than halfway between the zenith and the horizon, finer distinctions of time were not recognized without consulting the sun dials, which were not everywhere at hand” (The Expositor’s Greek New Testament, commenting on John 19:14).

Another possibility is that John is using a different method of reckoning time than Mark. We know for a fact, from Plutarch, Pliny, Aulus Gellius, and Macrobius, that the Romans calculated the civil day from midnight to midnight, just as we do today.

Thus John’s “sixth hour” would be six o’clock in the morning. This would make 6 a.m. the time of the last of the trials of Jesus, and of His sentencing, giving adequate time for the events leading up to the crucifixion which, in Mark, was at 9 a.m. or afterward.

There is good evidence that John used this method of computing time. This is not unusual in Scripture to have different authors use different methods of measuring time and determining dates.

In the Old Testament, the writers often would state their important dates by the calendar system of the country they were serving under at that time. For instance, in Jeremiah 25:1 and 46:2, the time was by Palestinian reckoning, and Daniel 1:1 was Babylonian reckoning, the same year.

A New Testament example is John 20:19. The evening of the day Jesus rose from the dead is considered part of that same day. Apparently John is not reckoning by Jewish time. According to the Jewish system of reckoning time, the evening in question would be part of Monday, the first day of the week, since the Jewish day began at sunset.

This possible factor, along with the one previously mentioned, shows that the difficulty in these two passages is not at all impossible to solve, nor does it pose any difficulty that is without a reasonable explanation.

How would you explain the inaccuracy between Judas hanging himself in Matthew 27:5 and “falling headlong he burst open” in Acts 1:18?

This question of the manner in which Judas died is one with which we are constantly confronted in our travels. Many people point to the apparent discrepancy in the two accounts as an obvious, irreconcilable error.

Some have gone so far as to say that the idea of an inerrant Bible is destroyed by these contradictory accounts. However, this is not the case at all.

Matthew relates that Judas hanged himself, while Peter tells us he fell and was crushed by the impact. The two statements are indeed different, but do they necessarily contradict each other?

Matthew does not say that Judas did not fall; neither does Peter say that Judas did not hang himself. This is not a matter of one person calling something black and the other person calling it white. Both accounts can be true and supplementary.

A possible reconstruction would be this: Judas hanged himself on a tree on the edge of a precipice that overlooked the valley of Hinnom. After he hung there for some time, the limb of the tree snapped or the rope gave way and Judas fell down the ledge, mangling his body in the process.

The fall could have been before or after death as either would fit this explanation. This possibility is entirely natural when the terrain of the valley ofHinnom is examined. From the bottom of the valley, you can see rocky terraces twenty-five to forty feet in height and almost perpendicular.

There are still trees that grow around the ledges and a rocky pavement at the bottom. Therefore, it is easy to conclude that Judas struck one of the jagged rocks on his way down, tearing his body open. It is important to remember that we are not told how long Judas remained hanging from the tree or how advanced was the decomposition of his body before his fall.

Louis Gaussen relates a story of a man who was determined to kill himself. This individual placed himself on the sill of a high window and pointed a pistol at his head. He then pulled the trigger and leaped from the window at the same time.

On the one hand, a person could say that this man took his life by shooting himself, while another could rightly contend he committed suicide by jumping from the tall building. In this case, both are true, as both are true in the case of Matthew’s and Peter’s accounts of the death of Judas. It is merely a situation of different perspectives of the same event.

Though orthodox Christians and Jews alike argue that Moses wrote the first five books of the Old Testament, some people deny his authorship of the fifth book, Deuteronomy. They do this partly on the grounds that chapter 34 contains the account of Moses’ death.

Since no one can write an account of his own death, they argue, doesn’t this mean the Book of Deuteronomy had to have been written later than the time of Moses?

Probably some orthodox Christians and Jews would attempt to argue that all of chapter 34 in Deuteronomy was written by Moses, although it is possible that the chapter was prophetic. A more plausible explanation is to assume that it was written after the death of Moses, by Joshua. This does not force one to attribute the rest of Deuteronomy to someone besides Moses.

It is quite common that an obituary is placed at the end of a final work by a great author. It would be amazing if the death of Moses weren’t recorded, seeing that his entire life otherwise had been told in great detail. The appearance of the account of Moses’ death in no way affects his authorship of the preceding 33 chapters

Although the mosaic authorship of the Pentateuch (the first five books of the Bible) has been challenged for the past century and a half, there is still good reason to believe it to be true.

It has become fashionable to believe that the Pentateuch is a result of a compilation of various documents labeled J, E, D, P, which were eventually put together by an editor in its present form about 400 b.c. This fanciful and elaborate theory, however, has little to recommend it and is based upon erroneous methods of investigation.

As C. S. Lewis illustrates from personal experience, when he writes about the critics’ application of their methods to his words:

“What forearms me against all these Reconstructions is the fact that I have seen it all from the other end of the stick. I have watched reviewers reconstructing the genesis of my own books in just this way.

“Until you come to be reviewed yourself you would never believe how little of an ordinary review is taken up by criticism in the strict sense: by evaluation, praise or censure of the book actually written. Most of it is taken up with imaginary histories of the process by which you wrote it.

“The very terms which the reviewers use in praising or dispraising often imply such a history. They praise a passage as ‘spontaneous’ and censure another as ‘labored’; that is, they think they know that you wrote the one currente calamoand the other invita Minerva.

“What the value of such reconstructions is I learned very early in my career. I had published a book of essays; and the one into which I had put most of my heart, the one I really cared about and in which I discharged a keen enthusiasm, was on William Morris. And in almost the first review I was told that this was obviously the only one in the book in which I had felt no interest.

“Now don’t mistake. The critic was, I now believe, quite right in thinking it the worst essay in the book; at least everyone agreed with him. Where he was totally wrong was in his imaginary history of the causes which produced its dullness.

“Well, this made me prick up my ears. Since then I have watched with some care imaginary histories both of my own books and of books by friends whose real history I knew.

“Reviewers, both friendly and hostile, will dash you off such histories with great confidence; will tell you what public events had directed the author’s mind to this or that, what other authors had influenced him, what his over-all intention was, what sort of audience he principally addressed, why—and when—he did everything.

“Now I must first record my impression; then, distinct from it, what I can say with certainty. My impression is that in the whole of my experience not one of these guesses has on any one point been right; that the method shows a record of 100 percent failure.

“You would expect that by mere chance they would hit as often as they miss. But it is my impression that they do no such thing. I can’t remember a single hit. But as I have not kept a careful record, my mere impressions may be mistaken. What I think I can say with certainty is that they are usually wrong… ” (Christian Reflections, p. 159–160).

It must be initially stated that Moses was in a position to write the Pentateuch. He was educated in the royal court of Egypt, which was highly advanced academically. He had firsthand knowledge of the geography of Egypt and the Sinai, with plenty of time—forty years in wandering and forty more years beyond that—to compose his work. At the same time that Moses lived, there were uneducated slaves working in the Egyptian turquoise mines writing on the walls, thus demonstrating the extent of writing in Moses’ day.

The evidence within the Pentateuch points to Mosaic authorship, since it clearly portrays Moses as the author of certain portions. “And Moses wrote all the words of the LORD” (Exodus 24:4, KJV). “And he took the book of the covenant, and read in the audience of the people” (Exodus 24:7, KJV). “And the Lord said to Moses, ‘Write these words; in accordance with these words I have made a covenant with you and with Israel’” (Exodus 34:27, RSV). To these references many others could be added.

Not only does the internal evidence of the Scriptures make it clear that Moses wrote the Pentateuch, but other Old Testament books make Mosaic authorship clear. Joshua 8:32 (KJV) refers to “the law of Moses, which he wrote.” Additional Old Testament references include I Kings 2:3, II Kings 14:6, and Joshua 23:6, which attribute to Moses the authorship of the Pentateuch.

Jewish tradition is firm in its belief in Mosaic authorship. Ecclesiasticus, one of the books of the apocrypha, written about 180 b.c., states, “All this is the covenant-book of God Most High, the Law which Moses enacted to be the heritage of the assemblies of Jacob” (Ecclesiasticus 24:23). The Talmud, in Baba Bathra, 146, which is a Jewish commentary on the first five books (around 200 b.c.), along with the writings of Flavius Josephus (born a.d. 37) and philo (a.d. 20) also concur.

Early Christian tradition likewise agrees that Moses composed the Pentateuch. The writings of Junilius (a.d. 527–565) and Leontius of Byzantium (sixth century a.d.) along with Church fathers Melito (a.d. 175), Cyril of Jerusalem (a.d. 348–386), and Hilary (a.d. 366) teach that Moses wrote the Pentateuch.

Add to this the testimony of the New Testament. The apostles believed that “Moses wrote unto us” (Mark 12:19, KJV) as did the apostle Paul, who when speaking of a passage in the Pentateuch said, “Moses describeth” (Romans 10:5, KJV).

However, the issue as to the authorship of the first five books is once-and-for-all solved by the testimony of the God-man Jesus Christ. Jesus made it clear that Moses wrote these books (Mark 7:10; 10:3–5; 12:26; Luke 5:14; 16:29–31; 24:27, 44; John 7:19, 23).

In John 5:45–47, Jesus states, “Do not think that I will accuse you before the Father; the one who accuses you is Moses, in whom you have set your hope. For if you believed Moses, you would believe Me; for he wrote of Me. But if you do not believe his writings, how will you believe My words?” (NASB).

Two other considerations to be taken into account when examining the evidence with regard to those who do not believe that Moses wrote the Pentateuch are their view of the world and archaeology.

Those who advocate that Moses is not the author usually hold to the idea that there is no supernatural work of God in the world, nor has there ever been. Thus, it would be foolish to believe all the historical information written about the creation of the world, the crossing of the Red Sea, God speaking to Moses, or even the historical evidence that Moses, a prophet of God, wrote the account in the first place. The whole idea is more of a story.

What they fail to do is consider the evidence because of their view of the world. This type of reasoning is faulty. First, one examines the evidence and then decides his case. Simply examining the evidence doesn’t mean one will agree with someone else’s conclusions, but it does mean he is not rejecting the conclusions out of ignorance.

Second, in the past fifty years archaeological finds have vindicated many of the Old Testament claims supporting the probability of Mosaic authorship. This is because most all of the finds demonstrate that only someone who lived during the time the Bible purports that Moses lived could have known and written about the things in these books.

When all this evidence is considered together, the Mosaic authorship of the Pentateuch is shown to be a fact. Such primary evidence would be accepted without hesitation in a court of law, and any theory of multiple documents would be ruled out as inadmissible. There is simply no evidence to support that theory which cannot be very reasonably answered.

The theory that Mark’s Gospel was the first to be written is based upon several arguments. Most of the material contained in Mark (about 93%) can be found in Matthew and Luke. It is easier for some to believe that Matthew and Luke expanded Mark rather than that Mark abbreviated Matthew and Luke.

Sometimes Matthew and Luke agree with Mark in the actual words used, but they never agree with each other when differing from Mark. This would seem to prove that both Matthew and Luke depended upon Mark to get their information.

The order of events in Mark seems to be original. Wherever Matthew’s order differs from Mark, the Gospel of Luke supports Mark’s order, and whenever Luke differs from Mark’s order, Matthew agrees with Mark. This shows that Mark was composed first, and that Matthew and Luke are merely following his order, seeing that they never agree with each other against Mark.

Mark also reveals a primitive nature when compared to the other two Gospels. Mark, for example, uses the word kurie (Lord) only one time while Matthew employs it nineteen times and Luke sixteen times. This fact indicates an attitude of reverence which eventually developed in the later Gospels.

The above are some of the arguments that scholars use to suggest that Mark was composed first. However, upon closer inspection, these reasons are not as strong as some might think.
It is possible that Mark condensed his Gospel for reasons beyond our knowledge. The material which the Gospels have in common might be a result of a common oral tradition. It is entirely possible that Mark never did see Matthew or Luke before he wrote his Gospel, and it is also conceivable that none of the Gospel writers saw any of the other three writings before their works were composed.

As for Matthew and Luke never agreeing word for word against Mark in parallel passages, there can be found passages where they agree where Mark contains something different, showing non-dependence on Mark.

The idea of Mark’s order being original is not as obvious as some imply. Mark may have worked from Matthew and Luke, following their order when the two agreed, but deciding to follow one or the other when they did not appear to agree.

The matter of kurie (Lord) being a reverential term is open to question, since Matthew uses it seven times when referring to a mere man (13:27; 21:29; 25:11, 20, 22, 24; 27:63), showing it was not a term used only for God.

This demonstrates that a chronology cannot be erected by the use or non-use of this term. To this can be added the fact that the early Church, which was closer to the situation, unanimously opted for the priority of Matthew’s composition, there being no evidence that Mark wrote first.

Moreover, there are some telling reasons against the theory of Markan priority. Matthew was an eyewitness. It seems unnecessary to assume that he depended upon Mark, who was not an eyewitness, to gather his information on the life of Christ, including Matthew’s own conversion!

The theory also fails to explain why Luke omitted any mention of Mark 6:45–8:26 if he used Mark as a source. This is a very important section, and the easiest solution is to surmise that Luke did not have Mark’s Gospel before him while composing his work.

The two-source theory does not adequately explain why Matthew and Luke agree in certain sections where Mark has something else.

The theory of the priority of Mark is anything but an established fact.

Propaga el amor de Dios