Libertad: Confesión y Arrepentimiento

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Al haber acumulado más de un millón de millas en tres compañías aéreas, he conocido a mucha gente en los aviones. En todas las ocasiones, nuestras conversaciones giraban en torno a cómo no eran felices en sus vidas. Cuando compartí que había crecido en una tradición religiosa que se había centrado mucho en la culpa, cada persona se inclinó sin falta para escuchar más.

Me quedó claro que todos tendemos a aferrarnos a la culpa. Y deseamos desesperadamente liberarnos de ella. Sigue leyendo para conocer los dos sencillos pasos que compartí con ellos para conseguirlo.

Confession and Repentance

Encarcelados por nuestra propia culpa

En mis charlas con mis compañeros de viaje, me sorprendió oír que ellos también se habían criado bajo las oscuras y tormentosas nubes de la culpa y la vergüenza. Me preguntaban en qué denominación me había criado, pero lo mantenía oculto, por una razón: no creo que sea justo culpar a una denominación o a una iglesia concreta, cuando son los individuos –incluido a mí mismo– los que eligen pecar

En su lugar, les dije que lo que importaba era saber cómo podían librarse de su culpa. Para siempre. Por supuesto, esto despertó su interés, ya que sufrían por no saber cómo resolver su estado de culpa.

Algunos habían intentado automedicarse con drogas, alcohol, trabajo o sexo. Otros habían intentado encontrar un bálsamo emocional. Pero, independientemente de lo que intentaran, sus resultados eran temporales. Algunos me contaron que oían una voz molesta que les susurraba continuamente que habían hecho mal. Otros oían una voz vociferante que se les echaba en cara.

Entonces, ¿cómo nos libramos de esta condena? Nos dirigimos a Dios. Él no nos creó para que nos oprimiera la culpa. Por eso nos ha dado dos sencillos pasos para eliminarla: la confesión y el arrepentimiento. Veamos qué significan estas palabras y en qué se diferencian ambas acciones.


HUMILDE CONFESIÓN

El primer paso es nuestra confesión de que hemos pecado. Tenemos que nombrarlo, asumirlo y confesarlo.

Porque yo conozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre ante mí. Contra ti, sólo contra ti, he pecado y he hecho lo que es malo a tus ojos. (Salmo 51:3-4)

En el fondo, el pecado son nuestros pensamientos y acciones que van en contra de Dios. Dios es luz, amor y pureza. Como Dios es santo, nuestro pecado le repugna. Permíteme utilizar la analogía de un calcetín sucio. Imagina que un cirujano, todo desinfectado, vestido, enguantado y preparado para la cirugía, se agacha para recoger un calcetín sucio del suelo mientras se dirige al quirófano. Nos repugnaría que el cirujano se acercara luego al paciente y comenzara la operación sin volver a desinfectarse las manos.

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo y nos perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda maldad. (1 Juan 1:9)

Nuestra confesión muestra a Dios que reconocemos la suciedad de nuestro pecado, y que estamos dispuestos a arrepentirnos de ello para que no se interponga entre nosotros y Él. Debemos recordar que nuestro pecado hiere a Dios, porque Él es santo e incapaz de pecar. Nos sentimos culpables porque sabemos intuitivamente que le hemos herido con nuestro pecado. Pero, sorprendentemente, ¡Dios nunca se aleja de nosotros! En cualquier momento, gracias al gran sacrificio de Jesús, podemos confesarnos y caminar libres de nuestra culpa y vergüenza.


EL ARREPENTIMIENTO REDENTOR

Nuestra confesión es nuestro acuerdo con Dios de que hemos pecado. Nuestro arrepentimiento va un paso más allá: Nos apartamos de nosotros mismos para responder a Dios. Tú y yo podemos saber que hemos experimentado el arrepentimiento cuando obtenemos una nueva comprensión que nos lleva a vivir de forma diferente, con un propósito, para Él.

Produce frutos acorde con el arrepentimiento. (Lucas 3:8)

Nuestro arrepentimiento es algo más que decir que vamos a cambiar. Es nuestra intención de cambiar realmente. A pesar de la atracción de nuestra naturaleza pecaminosa, podemos comprometernos a alinear nuestros pensamientos, palabras y acciones con la naturaleza de Dios y Su voluntad expresa revelada en Su Palabra. Dios sabe que esto es difícil para nosotros, y por eso nos ofrece una gracia continua. No hay lagunas. ¡Jesús nos ha proporcionado la garantía!

Puedo decirte que, incluso cuando he conseguido confesarme y arrepentirme, reconozco que no hay garantía de que no vuelva a pecar. Pero hay un gran poder y fuerza en ver mi pecado a la luz de la cruz. Esto me motiva, más que nada, a vivir mi vida en respuesta amorosa a Él. Como sé lo mucho que me ama -y lo mucho que deseo realmente complacerle y honrarle-, me mantengo dispuesto a realizar el humillante trabajo de la confesión y el arrepentimiento. Te animo a que hagas lo mismo.

Nuestro proceso continuo de santificación no es agradable. Pero podemos experimentar el GOZO de ser liberados de nuestra culpa si damos estos dos sencillos pasos. ¡Camina libre de tu culpa hoy mismo!


PRÓXIMOS PASOS

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EL BLOGUERO INVITADO CHET GLADKOWSKI HA CELEBRADO RECIENTEMENTE SU 50º ANIVERSARIO DE ENSEÑANZA DE LA BIBLIA. ABORDA EL DOLOR, LOS PROBLEMAS Y LA ANGUSTIA A LOS QUE SE ENFRENTA LA GENTE CON LA SOLUCIÓN DE UNA RELACIÓN CON JESUCRISTO.

Propaga el amor de Dios

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