Heridas, Vergüenza y Aislamiento: Mi Historia


Tiempo de lectura: 6 min

Durante dos años viajé con Josh McDowell, ayudando a llamar la atención de la gente al hecho de que la pornografía se ha convertido en una epidemia en Estados Unidos, a pesar de que pocos parecen reconocer el problema.

Pero sé de primera mano la devastación que causa y lo fácil que es volverse adicto y esclavizado por la vergüenza. He aquí un poco de mi historia.


Shame porn Austin

Mi primera introducción al porno

Recuerdo el momento como si fuera ayer. Yo tenía 12 años y estaba en sexto grado. Entré en la habitación del campamento de invierno de nuestro grupo juvenil, solo para ser recibido por las lágrimas de un buen amigo. “Tengo que decirte algo”, espetó. Antes de darme cuenta, me estaba contando una historia que me era muy familiar: su profunda lucha con la pornografía. Me sentí sorprendido, mientras la culpa y una enorme convicción inundaban mi alma.

Fui expuesto a la pornografía  por primera vez a los nueve años, pero la curiosidad me llevó a buscarla cuando tenía once años. Esa decisión imprudente dio origen a una adicción de 11 años que devastó ese período de mi vida. Durante casi una década, la pornografía se convirtió en mi fuente de intimidad, satisfacción y aceptación.

Cuando estaba solo, la pornografía era mi consuelo. Cuando me sentí como un fracaso, la pornografía me gratificó. Cuando sentí que no valía nada, la pornografía me dio una sensación de valor.

Mi deseo de ser completamente conocido y amado comenzó a satisfacerse con esta fuente falsa. La pornografía era un escape a un mundo lleno de placer. Pronto me alejé emocionalmente de mi familia y amigos, a medida que crecía la vergüenza y el aislamiento dentro de mí.


Ocultando mi vergüenza

En la iglesia yo era el hijo del pastor; parecía que lo tenía todo junto. Aprendí todas las respuestas correctas y cómo actuar para recibir la aceptación de los demás. Surgieron oportunidades para que yo dirigiera la devoción, o pequeños grupos en mi grupo juvenil e incluso dar charlas. Mentores y amigos me alentaron y me felicitaron, pero sus palabras inspiradoras se filtraron a través de mi vergüenza, sumergiéndome aún más en la desolación. 

Mentí, corrí y me escondí en momentos de vulnerabilidad. Honestamente, mi vida se veía bien, pero los disturbios de mi doble vida me destrozaron. 

Escuché en la iglesia y en seminarios cristianos que si confesaba mi pecado a Jesús y desarrollaba responsabilidad con los muchachos que me rodeaban, encontraría libertad de mi adicción. Lo intenté durante años, confesando mis pecados una y otra vez; un cometido que falló. Este ciclo traumatizante de culpa, confesión, cortos períodos de cambio y recaída continuó durante toda mi adicción.

Como fallé repetidamente, la culpa de mi fracaso se convirtió en vergüenza cuando me vi a mí mismo como el fracaso. Tocar fondo fue un rudo despertar en mi tercer año de universidad.

Había perdido la esperanza y estaba profundamente deprimido. El fracaso, la inutilidad y la vergüenza consumieron mis pensamientos mientras trataba de mantener mi actuación unida. En la mañana del 28 de marzo de 2017, finalmente contacté a las dos personas que sabía que me amaban y se preocupaban por mí más que nadie, mis padres.

Llamé a casa y confesé. Y en ese momento  experimenté gracia pura.


Buscando la liberación

Mis padres hablaron de quién era yo como hijo de Dios, y como su hijo. Esa mañana me lancé en mi proceso de encontrar salud: cortar el suministro de pornografía, arrepentimiento verdadero, responsabilidad verdadera y consejería.

Encontrar curación ha sido uno de los viajes más difíciles de mi vida. Me cuesta usar el término “libertad” porque me cuesta creer que podemos encontrar la verdadera libertad del pecado aquí en la tierra. Esa libertad total es la que esperamos cuando nos reunamos con nuestro Creador.

Pero puedo decir que he encontrado un nuevo nivel de salud. Este nivel de salud consiste en una vida sin secretos, intimidad con Dios, procesamiento de emociones y contacto en las relaciones.

¿Sigo viendo pornografía? No. ¿Pero soy realmente libre? No. Porque la pornografía no es solo un problema, es un medicamento para un problema subyacente.

Todos nos medicamos con algo cuando tenemos deseos que no se satisfacen. En lugar de acudir sanamente a Dios y a las personas que me rodean para ser amado y conocido, el miedo me llevó a una falsificación. A través de la consejería, me di cuenta de que no solo estaba lidiando con una adicción a la pornografía, sino con las heridas de mi pasado. Los adictos a la pornografía no son pervertidos; están sufriendo y buscando amor, aceptación y gratificación en el lugar equivocado. Como dice mi amigo Ben Bennett, “los deseos insatisfechos conducen a comportamientos no deseados”.


Apoyarse en Cristo

Hay mucho dolor en mi historia. Pero ese dolor no es nada comparado con el profundo amor de Cristo. Hoy puedo sentarme aquí con la fuerte convicción de que soy un hijo amado de Dios, con un inmenso valor para mi Creador. ¡Eso es motivo de celebración! Nada se compara con mi intimidad con el Señor y las personas que me rodean. Me aferro a estos dos versículos que mis padres compartieron conmigo la mañana en que confesé mi adicción:

John 16:33: “Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo”.  

Romans 8:1: “Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu”.

La pornografía está destruyendo nuestra nación, nuestras iglesias, nuestras familias y a nosotros como individuos. Está minando la base misma que Dios puso en su lugar para que las personas se relacionen en una intimidad saludable. Las estadísticas globales (Página en inglés) de esta lucha son abrumadoras, pero hay esperanza, comenzando con la Iglesia eligiendo lidiar con este conflicto directamente.

Como Iglesia, la novia de Cristo, comencemos a hablar. Normalicemos el tema de la adicción sexual, que ha sido tabú durante demasiado tiempo en la Iglesia. Hasta que estemos dispuestos a hablar de esto abierta y compasivamente, los adictos a la pornografía como yo seguiremos ocultándonos en su vergüenza.

Te pregunto: ¿Es el propósito de la iglesia condenar, o ayudar a llevar a los cautivos a la libertad? Creo que Jesús vino a mostrarnos que es lo último.


Para obtener más información sobre mi historia, escucha el podcast: Long Story Short;  donde mi buen amigo Alex y yo discutimos la vergüenza y la solución a la adicción a la pornografía                                            


Recursos útiles: (Páginas en inglés)

Propaga el amor de Dios

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