Una invitación personal


Tiempo de lectura: 3 min

Lectura bíblica: Juan 1:1-13
Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios. Juan 1:12
Estela se pegó al televisor la primera vez que vio una competencia de esquiar femenina. Al mirar a las mujeres, apenas un poquito mayores que su hermana, excediendo velocidades de 130 km por hora a medida que descendían la montaña contra el reloj, Estela soñaba con aprender a esquiar así.
Ese año, a sus padres les resultó difícil disimular los regalos para Estela debajo del árbol de Navidad. Estela los había adivinado todos. Había un paquete largo, posiblemente los esquís. Otro paquete largo, seguramente los bastones para esquiar. Estela levantó una caja grande, cuadrada, pesada, tienen que ser las botas. Adivinó que en una caja había un casco, bueno para no romperse la cabeza. En otros paquetes identificó los anteojos de esquí, una chaqueta para esquiar y pantalones para la nieve: un surtido admirable de todo lo que necesitaba para lanzar su carrera de esquiadora.
La mañana de Navidad, Estela miró sus paquetes envueltos.
—Mamá… papá… no puedo creer todo lo que me han regalado. Un millón de gracias. Sus padres la miraron como si estuviera loca.
—Estela —dijeron al unísono—, ¿no te parece que debieras abrir tus regalos?s
Ninguno de nosotros es tan alocado como Estela cuando llega el momento de romper la envoltura de los regalos de Navidad o de cumpleaños. Pero cuando se trata de Dios, muchos dejan sin abrir el regalo más valioso que Dios nos ha dado.
Dios le ha dado a toda la raza humana un regalo más fabuloso que cualquiera que podamos recibir. Nuestros pecados nos han separado de Dios y nos han dejado sin poder pagar el castigo. Porque, al final de cuentas, ¡el castigo por el pecado es la muerte eterna! Pero Jesucristo fue el regalo de Dios para nosotros. Él pagó el castigo por nuestros pecados. La muerte de Cristo en lugar nuestro nos garantizó vida eterna con él ahora y para siempre.
Por más fantástico que sea ese regalo, no te será de provecho si no lo abres.
Piénsalo: Las buenas nuevas no son buenas nuevas hasta que respondes a ellas.
Confiar en Jesús es la forma de abrir el regalo de Dios y disfrutar de sus beneficios. Hemos abierto el regalo de Dios en el momento cuando admitimos que necesitamos a Cristo y el perdón que él brinda. Juan 1:12 lo expresa de esta manera: “Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios”.
Dios te envió un regalo increíble. ¡No te olvides de abrirlo!
PARA DIALOGAR: ¿Has respondido al regalo de Dios?
PARA ORAR: Señor, gracias por enviarnos el regalo más maravilloso de todos, tu Hijo, el que hace posible conocerte y vivir contigo eternamente.
PARA HACER: ¿Cómo le explicarías a un amigo no creyente que necesita confiar en Cristo? Ensáyalo. Luego, ¡hazlo!


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