Un enfoque centrado en las personas


Tiempo de lectura: 3 min

Lectura bíblica: Marcos 2:13-17
No he venido para llamar a justos, sino a pecadores. Marcos 2:17
Un domingo a la mañana un muchacho y una chica adolescentes entran al culto y toman asiento. No usan exactamente lo que llamaríamos ropa dominguera. Desde el cabello peinado en punta hasta la suela de sus torpes botas militares, están vestidos con cadenas y cuero negro.
Después del culto el pastor saluda a la pareja. A pesar de su alarmante ropa, sus rostros irradian alegría. El pastor se entera que son nuevos creyentes, que recién han superado una vida difícil de drogadicción. Les da la bienvenida, y les da datos sobre las actividades de las cuales pueden participar para desarrollar su nueva vida en Cristo. Los toma de la mano y los presenta al director de jóvenes, quien se va con ellos al estacionamiento para admirar la motocicleta del muchacho.
Al día siguiente, el pastor recibe varias llamadas telefónicas de miembros enfurecidos: “¿Quién era esa gente?”. “Espero que no los haya invitado a las actividades juveniles”. “No quiero verlos por el templo”.
¿Qué? ¿Quién hubiera pensado que te podías meter en líos si aceptabas a Cristo, dejabas de tomar drogas, pero te olvidabas de comprarte ropa nueva antes de ir al templo?
Esos hermanos de la iglesia se perdieron una oportunidad única: de dar una cariñosa bienvenida a dos jóvenes nuevos que necesitaban desesperadamente un lugar en el cuerpo de Cristo. Para aque- llos, las apariencias fueron más importantes que las personas.
Ser creyente significa que siempre debes poner primero a las personas. Jamás ha habido alguien que se interese más por las personas que Jesús. Él enseñó, sanó, bendijo, vivió, sangró y murió por los seres humanos. Destacó de qué manera los religiosos habían convertido al Antiguo Testamento en reglas frías impersonales en lugar de instrucciones sobre cómo amar a Dios y al prójimo.
Cerrarles la puerta de un portazo a los extraños no es la única manera como los creyentes se olvidan de que las personas deben ocupar el primer lugar. Si sólo tenemos amigos creyentes, sólo concurrimos a eventos cristianos y sólo compramos en negocios cristianos, nos estamos perdiendo totalmente la oportunidad de vivir como Jesús, centrando nuestra atención en nuestros prójimos.
—No nos juntamos con basura pecadora —parecían decir los críticos de Jesús—, porque no queremos contagiarnos de sus pecados.
Pero observa nuevamente a tu Señor. Veía las cosas desde una perspectiva centrada en las personas. ¿Por qué pasaba tanto tiempo con los pecadores? Para contagiarles de su amor.
PARA DIALOGAR: ¿Alguna vez te ha dado miedo andar con no creyentes? ¿Por qué sí y por qué no?
PARA ORAR: Señor, corrige nuestra actitud. Ayúdanos a amar a las personas por quienes diste tu vida, tengan el aspecto que tengan.
PARA HACER: ¿Qué te gustaría hacer hoy para amar como amó Jesús?


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