Te amo, ¡y punto!


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Lectura bíblica: Efesios 2:4-10
No es por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:9
Julio era uno de los chicos más populares de su vecindario. Siempre había chicos jugando en su casa, comiendo abundantes meriendas y mirando el televisor de pantalla gigante. Y dos veces por verano invitaba a sus mejores amigos a la cabaña de sus papás, donde se divertían recorriendo el bosque en sus motos de cuatro ruedas.
¿Ya te das una idea? Julio tenía una lista de espera de chicos que querían ser sus amigos.
Pero un día el papá de Julio perdió su trabajo, y tuvieron que vender casi todo lo que tenían. Ya no tenían una casa llena de juguetes, ni el televisor de pantalla gigante, ni la cabaña junto el lago. La familia de Julio fue a parar a un departamento pequeño.
A los pocos meses de este cambio, Julio ya no tenía amigos.
—Mis amigos no se interesaban en mí —dijo—. Eran mis amigos sólo por interés, cuando teníamos cosas.
Tema para comentar: ¿Alguna vez has sentido que alguien quería ser tu amigo por la mesa de arena gigante que tienes en el fondo de tu casa? ¿O porque te dieron para tu cumpleaños el juego de vídeo más popular de la temporada?
Si lo único que conocemos es el amor condicional, quizá nos resulte difícil creer que Dios nos ama simplemente porque sí.
Teresa, por ejemplo, oía acerca del amor de Dios y pensaba: ¿Qué quiere realmente? Desconfiaba de la bondad de Dios, preguntándose dónde estaría la trampa. Pero ahora dice que ha aprendido que Dios quiere que lo ame y lo obedezca. Y él la ama ya sea que ella corresponda o no a su amor.
Jorge cree que tiene que hacer un trato con Dios. Necesito enderezar mi vida antes de que Dios me ame, piensa. Pero Dios dice: “Ya te he aceptado tal como eres. He dado prueba de ello enviando a mi Hijo para morir por ti mientras estabas perdido en tus pecados” (ver Romanos 5:8).
Porque Dios nos ama incondicionalmente, no tenemos que hacer todo a la perfección para que nos acepte. Eso es lo que Pablo quiso decir cuando escribió: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8, 9). El que Dios nos acepte no depende de nuestras buenas acciones, ni nuestras magníficas actitudes ni nada extraordinario que hayamos hecho por él. Nos ama incondicionalmente por lo que él ha hecho.
Cuando Dios nos demuestra su amor, no hay ninguna trampa. Nos ama de verdad.
PARA DIALOGAR: Dios te ama incondicionalmente. ¿Qué significa eso para tu vida cotidiana?
PARA ORAR: Padre, nos amas sin condiciones. Gracias.
PARA HACER: Demuestra hoy tu cariño por un amigo, simplemente porque quieres hacerlo.


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