Sin algo de dolor no te curas


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Lectura bíblica: Hebreos 4:12, 13
Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos. Penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Hebreos 4:12
—¿Es grave, doctor? —pregunta el paciente—. Dígame la verdad.
—Me temo que es grave, muy grave —contesta el doctor—. Si no lo operamos y le quitamos el tumor, le quedan pocas semanas de vida.
—No quiero que me operen, doctor. Eso duele.
El doctor sonríe:
—No sentirá nada. Estará dormido durante la operación.
—Pero me va a doler después de la operación, quizá durante semanas, ¿no es cierto?
—Tenemos medicamentos que reducen el dolor.
—Pero aun así la herida me va a doler un poquito; me va a doler cuando me saquen los puntos.
—Bueno, sí, siempre hay algo de dolor cuando…
El paciente interrumpe.
—Entonces, nada de operaciones. No me gusta sentir dolor.
Tema para comentar: ¿Qué haces tú para evitar los dolores del diario vivir?
Si somos más o menos normales, nos hacemos el propósito de evitar el dolor. Usamos cintos de seguridad para no salir expulsados por el parabrisas. Nos ponemos zapatos para no lastimarnos los pies. Tenemos cuidado al cruzar la calle para que no nos atropelle algún auto.
Pero nadie en su sano juicio se niega a que le practiquen una operación que le salvará la vida simplemente porque le dolerá. Sabemos que muchas veces el dolor produce algo bueno, sea el dolor de un procedimiento médico obligatorio, el esfuerzo de un programa de ejercicios físicos o la agonía de tener que ir al recital de violín de nuestro hermanito cuando preferiríamos estar con nuestros amigos.
¿Sabes que la Palabra de Dios a menudo nos puede causar dolor? No estoy hablando del dolor que sentimos cuando dejamos caer una Biblia de cinco kilos sobre el dedo gordo. El autor de Hebreos presenta a la Palabra de Dios como el bisturí de un cirujano. Dios, el cirujano maestro, sabe exactamente donde acechan los tumores de los pensamientos y los deseos malos. Y sabe que esos tumores nos destruirán si no son extirpados. Su Palabra es el instrumento que usa para exponerlos, colocándolos a la luz y mostrándonos cómo librarnos de ellos.
Por eso, cuando leas la Biblia y sientas el dolor del bisturí de Dios corrigiéndote, no te retraigas. El Gran Médico permite el dolor sólo porque te ama y quiere darte salud espiritual.
PARA DIALOGAR: ¿De qué manera está usando Dios su Palabra como un bisturí en tu vida? ¿Te estás retrayendo o dejando que Dios haga su obra sanadora?
PARA ORAR: Gracias, Señor, por enviar tu Palabra para sanarnos.
PARA HACER: Elige un mandato bíblico que te hace doler por dentro porque no quieres oírlo. Apúntalo en una tarjeta. Al dorso, lista los beneficios que puedes obtener al obedecerlo. Coloca tu tarjeta donde puedas verla con frecuencia.


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