Ser amigo de todos


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Lectura bíblica: Marcos 10:46-52
Entonces Jesús se detuvo y mandó llamarle. Marcos 10:49
Rubén sabía que iba a tener un nuevo compañero de clase, pero no tenía idea de que llegaría al aula en una silla de ruedas. Rubén en realidad nunca había visto de cerca a un discapacitado, y se sentía incómodo con Sergio. Aparentemente, lo mismo sucedía con los demás chicos del grado porque la única persona que le dirigió la palabra fue la maestra.
A la hora de comer, Rubén notó que Sergio estaba comiendo solo. Éste levantó la vista y miró a Rubén y el grupo que estaba con él, y sus miradas se encontraron.
Rubén le dijo en voz baja a la rueda de chicos:
—Muchachos, ¿qué les parece si nos vamos a sentar con el chico nuevo?
Los demás lo miraron como diciendo: “¡Jamás!” y se dirigieron al lado opuesto del patio. Rubén se quedó allí parado sin saber si quería pagar el precio por hacer lo bueno.
Jesús es el ejemplo perfecto del amor. Y una de las enormes características que vemos en él es que amaba a todos, sin importarle quiénes eran, su apariencia o qué problemas tenían. Jesús amaba a todos, aun a los que eran rechazados por la gente a su alrededor. Él ministró a mendigos ciegos, cobradores de impuesto deshonestos, soldados romanos crueles y líderes religiosos orgullosos. Era amigo de los ricos y de los pobres, de los educados y los ignorantes, de adultos y niños, de los que creían en él; y hasta de los que no creían en él. Se rodeó de personas de diversos antecedentes, pasados y necesidades… y los amó a todos.
Jesús amaba a todos porque sabía que todas las personas son creación de Dios. Al mirar a los ojos de las gentes y ver el toque creativo de su Padre, reconocía que eran de valor.
Jesús dijo que los demás reconocerían a los cristianos por el amor que demuestran los unos por los otros. Ya que Dios es nuestro Padre celestial, hemos de ver, como lo vio Jesús, su obra creadora en todos aquellos con quienes entramos en contacto. Eso no significa que siempre todos nos caerán bien o que seremos amigos cercanos de todos. Pero podemos tratarlos a todos como personas de valor a los ojos de Dios.
La próxima vez que te encuentres con alguien diferente, piensa en cómo Dios lo hizo según su plan perfecto para que su nombre sea glorificado y honrado. Ocúpate de conocerlo. Determina qué hay en él que lo hace especial. Y piensa en todas las maneras únicas en que Dios podría usarlo. Eso es amar como Jesús amó.
PARA DIALOGAR: ¿Conoces a alguien que tiene una necesidad especial de ser amado? ¿Cómo le puedes demostrar el amor de Cristo?
PARA ORAR: Señor, ayúdanos a ver el valor en todas las personas con las que nos encontramos, porque tú las creaste a tu imagen.
PARA HACER: Comparte esta semana el amor de Dios con una persona que lo necesita, aunque esa persona sea muy diferente a ti.


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