Qué tal, vecino


Tiempo de lectura: 3 min

Lectura bíblica: Lucas 10:25-37
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma,  con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Lucas 10:27
Casi todos los días, Alfredo y Ricardo caminaban juntos a casa después de clase, haciendo una parada en un quiosco para comprarse un refresco. Cuando Alfredo terminaba de tomárselo, por lo general tiraba el envase vacío en el patio de la casa por donde estuvieran pasando, excepto el de la familia Carmona. Ricardo no se podía imaginar por qué Alfredo no lo hacía. Por fin le preguntó:
—¿Por qué nunca tiras ningún envase en el patio de la familia Carmona?
—Porque —contestó Alfredo— tenemos que amar a nuestros prójimos, y ellos son mis vecinos de al lado. Los otros no son mis vecinos, así que no importa si arrojo basura en el patio de ellos.
¡¿Qué?!
Parece que Alfredo está bastante confundido. Al darte el mandato de amar a tu prójimo, Jesús fue muy claro en explicar que no se trata únicamente de tus vecinos de al lado. Dios quiere que ames a todos tus prójimos porque él los ama.
Cuando le preguntaron a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?” contó la parábola del Buen Samaritano, quien demostró amor hacia un hombre atacado por ladrones (ver Lucas 10:29-37). El relato demuestra que prójimos no son únicamente los que tienen la misma educación, posición económica, que son de la misma raza o que viven en tu vecindario. Prójimos son personas necesitadas, quienes sean que fueren y dondequiera que estén. Prójimos son los seres humanos en todas partes, porque todos necesitan ser amados.
El mandato de Jesús de amar a todos no es nuevo. Mucho antes, Moisés incluyó en las leyes en el Antiguo Testamento estas palabras de Dios: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18). Dios ordenó al pueblo de Israel que demostraran un interés afectivo no sólo por sus compatriotas, sino también por los pobres y extranjeros (Levítico 19:9, 10). La invitación de Dios continúa a lo largo del Antiguo Testamento: “Ama a las personas —a todas las personas— como las amo yo”.
En el Nuevo Testamento, Dios ofrece su amor a todos los pueblos. Cristo murió por todo el mundo (ver Juan 3:16), y Dios tiene planeado que contemos las buenas nuevas de salvación a “todas las naciones” (Mateo 28:19). Nos manda: “Hagamos el bien a todos” (Gálatas 6:10).
Entonces, si quieres amar como ama Dios, no limites tu cariño a las personas parecidas a ti, o a las personas que te caen simpáticas. Jesús no excluyó a nadie en su mandato de amar. Enseñó: “Amad a vuestros enemigos y haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen y orad por los que os maltratan” (Lucas 6:27, 28). Puedes amar a todos como los ama Jesús, ¡porque todos son tus prójimos!
PARA DIALOGAR: ¿Hasta dónde abarca el amor de Dios? ¿De qué manera puedes aumentar tu amor?
PARA ORAR: Señor, enséñanos a amar a todos, no sólo a los que viven al lado.
PARA HACER: Traza un plan para demostrar hoy amor por alguien que no te resulta simpático.


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