¿Qué incluye tu lista de deseos


Tiempo de lectura: 3 min

Lectura bíblica: Lucas 12:13-21
Mirad, guardaos de toda codicia, porque la vida de uno no consiste de la abundancia de los bienes que posee. Lucas 12:15
Scriiich adquirió su sobrenombre por el ruido que hacía cuando frenaba su bicicleta. Estaba tan obsesionado con el dinero que iba a toda velocidad por el camino, apurándose para examinar cada objeto brillante con la esperanza de que fuera una moneda, y cada pedazo de papel que parecía un billete.
Scriiich también era muy trabajador. Entre su reparto de periódicos, cuidado de niños y caddie en el campo de golf, iba juntando mucho dinero. Y con el dinero que conseguía, podía comprar casi cualquier cosa que el corazón de un chico de 12 años pudiera desear.
Lamentablemente, cuando Scriiich hizo que apilar dinero fuera su principal meta en la vida, no le quedaba tiempo para familia, amigos o iglesia. Así que aunque sus bolsillos estaban repletos de dinero, no tenía con quien disfrutarlo. Scriiich había creído que comprar cosas le daría una felicidad total, pero no fue así.
¿Qué incluye tu lista de deseos? ¿Qué equipos deportivos o ropa o juguetes te darían completa satisfacción? ¿Sería posible que obtuvieras todo lo que incluye tu lista de deseos y que entonces no querrías nada más? ¿O sencillamente empezarías otra lista?
En la Biblia, Pablo parece ser un hombre que lo tenía todo. Tenía lo que se necesita para ser feliz.
En un libro de la Biblia —su carta a los filipenses— ¡menciona gozo y regocijo 17 veces!
Pero, ¡espera un momento! Si vuelves a mirar ese libro verás que Pablo estaba en la cárcel cuando escribió esas palabras acerca del gozo y la felicidad (ver Filipenses 1:12-14). No tenía una casa cómoda, tenía muy pocas posesiones y no tenía libertad. Pero era feliz. Más adelante en su carta escribió: “He aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé vivir en la pobreza, y sé vivir en la abundancia. En todo lugar y en todas las circunstancias, he aprendido el secreto de hacer frente tanto a la hartura como al hambre, tanto a la abundancia como a la necesidad. ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!” (Filipenses 4:11-13).
La felicidad no depende de que nos abarrotemos de “cosas”. De hecho, el verdadero gozo no tiene nada que ver con cuánto tenemos. Podemos tener gozo —seamos ricos o pobres— porque tenemos a Jesús. No lo podemos perder. No se lo pueden robar. Nunca se rompe ni pasa de moda. Y conocerlo a él nos puede dar un gozo que ningún objeto nos puede dar.
PARA DIALOGAR: ¿Hasta qué punto estás satisfecho con lo que tienes? ¿Es Cristo tu posesión más preciada?
PARA ORAR: Señor Jesús, enséñanos a contentarnos con lo que tenemos. Y ayúdanos a comprender cuán maravilloso es tenerte a ti.
PARA HACER: En lugar de pensar únicamente en las cosas que quisieras tener, escoge un juguete, un libro o una prenda de vestir y regálalo a alguien que tiene menos que tú.


Anterior

Siguiente