Poniendo a prueba a Jesús


Tiempo de lectura: 3 min

Lectura bíblica: Marcos 14:53-65
Yo Soy [el Mesías]. Y además, veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo. Marcos 14:62
Imagínate que tienes una billetera repleta de dinero, digamos, 100.000 dólares. La única manera que te permiten gastarlo es eligiendo y comprando el automóvil de tus sueños.
Pero, he aquí una pregunta importante: ¿Cómo puedes decidir si un vehículo en particular es todo lo que sueñas? ¿Cuál de las siguientes cosas harías?

  • Le rogarías al vendedor de automóviles que te dejara dormir una noche en tu modelo favorito en la sala de exhibición.
  • Te sentarías en una silla en la esquina de la calle y lo admirarías cada vez que pasara uno igual.
  • Te memorizarías todos las reseñas que pudieras encontrar sobre el auto en las revistas de automovilismo.
  • Te subirías a un auto en exhibición, te abrocharías el cinto de seguridad y lo llevarías a dar una vuelta.

Cuando estás eligiendo un auto, nada se compara con probarlo. De la misma manera, cuando estás tratando de descubrir si Jesús afirmó ser Dios, no hay mejor lugar para buscar que el juicio que se le hizo antes de su crucifixión. Era una prueba que mostró sin sombra de duda que Jesús era más que un mero ser humano.
El sumo sacerdote a cargo del juicio le hizo la gran pregunta directamente: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?” (Marcos 14:61). Jesús contestó lo que tenemos en el versículo de hoy: “Yo Soy. Y además, veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo”.
Los oficiales judíos entendieron perfectamente lo que Jesús decía. El sumo sacerdote rasgó su vestidura como una demostración del horror de la afirmación de Jesús de que era Dios. Y los jueces de Jesús entendieron claramente la cuestión, de hecho con tanta claridad que lo crucificaron y luego se burlaron diciendo: “Ha confiado en Dios. Que lo libre ahora si le quiere, porque dijo: “Soy Hijo de Dios” (Mateo 27:43).
El juicio de Jesús debería bastar para convencer a cualquiera de que Jesús no se consideraba mera- mente un maestro religioso cualquiera. Afirmó ser Dios.
Sus enemigos negaron la verdad acerca de quién era él. Y tú, ¿quién dices que es Jesús?
PARA DIALOGAR: ¿Estás convencido de que Jesús es Dios? ¿Qué es lo que te convence? ¿Sobre qué cosas necesitas aprender más?
PARA ORAR: Cristo, comprendemos tu afirmación de que eres el Hijo de Dios. Te creemos. Tú eres Dios en la carne. Te recibimos como Señor.
PARA HACER: ¿Puedes explicar en tus propias palabras este asunto un poco complicado? Practica con tu familia, haciéndose esta pregunta: ¿Cómo sabemos que Jesús es Dios? ¿Estás buscando algunos versículos para leer? Mira 1 Pedro 1:18, 19.


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