No puedes comprar cariño


Tiempo de lectura: 3 min

Lectura bíblica: 1 Corintios 12:13, 24-27
Todos los miembros se preocupen los unos por los otros. 1 Corintios 12:25
Después de cinco semanas en su nuevo vecindario, Damián todavía no tenía amigos. No teniendo a nadie con quien jugar a la rayuela, nadie con quien colgarse del trapecio y con ninguna esperanza de que alguien apareciera en su fiesta de cumpleaños, decidió tomar cartas en el asunto. Tomó una decisión. Si no podía hacer amigos, se compraría algunos.
Al día siguiente, Damián se fue al parque con un rollo de billetes que se había ganado durante años de hacer tareas extra en su casa. Su dinero atrajo un gentío. “Hummm…”, dijo en voz alta mientras giraba para considerar sus opciones. “Doy un peso por ti”, le dijo al chico que era famoso en el juego de rayuela. “Y un peso por ti”, le dijo al campeón del trapecio. “Y cinco por ti”, le dijo al chico más popular del vecindario. “El mes que viene es mi cumpleaños. Seamos amigos por mucho tiempo”.
Sin duda Damián habrá conseguido amigos por un tiempo. Pero, adivina qué pasó. Se le acabaron los amigos cuando se le acabó el dinero.
Tema para comentar: ¿Qué cosas extrañas hacemos para conseguir amigos?
Dios tiene un plan grandioso para que encontremos las buenas amistades que todos necesitamos. Él sabía que quizá nos daría trabajo creer hasta qué punto nos ama y nos acepta, por lo que nos dio un lugar único para encontrar cariño. Quizá te sorprenda saber el nombre de este lugar maravilloso que te acepta. Es la iglesia.
Cuando creíste en Jesús como tu Salvador y Señor, llegaste a ser parte de la iglesia, no meramente de una iglesia, sino del grupo grande de personas en todas partes que siguen a Jesús.
La Biblia se refiere a la iglesia como el cuerpo de Cristo. La iglesia —el cuerpo de Cristo— está compuesta de creyentes de todo el mundo (ver 1 Corintios 12:13, 24-27). Tú y yo y todos los demás creyentes estamos estrechamente relacionados. Y así como un cuerpo no puede funcionar sin sus diversas partes, todos necesitamos y somos necesarios en el cuerpo.
Cuando tropiezas, fallas o te sientes rechazado, Dios tiene planeado que tus amigos creyentes te recuerden que eres amado y aceptado pase lo que pase. Y cuando alguien en tu grupo se siente mal, tu tarea es ponerte a su lado con palabras alentadoras (ver 1 Tesalonicenses 5:11).
No tienes que repartir dinero para ser aceptado. ¡Asirte fuertemente a otros creyentes es un plan mucho mejor para ti!
PARA DIALOGAR: ¿De qué manera estás aprovechando al máximo el hecho de ser parte de un grupo de creyentes cariñosos? ¿Estás dejando que el amor de Dios te toque por intermedio de ellos?
PARA ORAR: Señor, fortalece nuestras relaciones con nuestros hermanos cristianos.
PARA HACER: ¿Necesitas fortalecer tus lazos con otros cristianos? ¡Programen un tiempo para estar juntos!


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