No dejes tu cerebro a un lado


Tiempo de lectura: 3 min

Lectura bíblica: Romanos 1:16, 17
Porque no me avergüenzo del evangelio; pues es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primero y también al griego. Romanos 1:16
Jorge caminaba por la calle, concentrado en sus pensamientos. Había decidido no seguir huyendo de Dios, como lo había hecho durante tanto tiempo. No aguanto más, se dijo. Me siento tan culpable. Estoy tan solo. Creo que me estoy perdiendo algo importante en la vida. Después de caminar un buen trecho, Jorge llegó a un templo y entró en él. Se detuvo un instante para dejar que su vista se acostumbrara a la oscuridad.
—¿Piensas entrar? —preguntó alguien.
La voz lo sobresaltó. Se dio vuelta y vio a una señora anciana a su lado.
—Sí —contestó Jorge–. Quiero entrar.
—Entonces necesitas darme tu cerebro, jovencito —dijo la mujer.
—¿Mi cerebro? —preguntó Jorge confundido. ¿Para qué querría ella su cerebro?
—¿Acaso no decidiste ya aceptar a Cristo como tu Salvador?
Jorge movió la cabeza en señal de asentimiento.
—Pues bien —dijo ella—. Tienes que dejar tu cerebro aquí a la entrada. Y no lo necesitarás más. Ya sabes que los cristianos nunca piensan.
No, no existe en la realidad un chico llamado Jorge que tuvo que entregar su cerebro. Pero muchos piensan que creer en Jesús es sólo para gente que no usa el cerebro. Eso no es cierto. Llegar a conocer a Dios no significa que dejas de razonar. Significa que usas tu mente para comprender las grandes respuestas de Dios a las preguntas más importantes de la vida.
La Biblia nos enseña algunas verdades que son un reto para nuestra mente: que Dios nació como un ser humano… que realmente hubo milagros de sanidad y otros en la época bíblica… que Jesús resucitó de entre los muertos. Esos son algunos de los acontecimientos muy poco probables, y tenemos razón en examinar su veracidad. Pero muchas personas muy inteligentes han leído la Biblia y han llegado a la conclusión de que es absolutamente cierta.
Había una vez un abogado británico muy inteligente llamado Frank Morison que trató de probar que nuestra religión cristiana no es verdad. Empezó a escribir un libro mostrando que Jesús nunca resucitó. Investigó, analizó todos los datos que encontró en la Biblia y en los libros de historia, y trabajó intensamente para cumplir su propósito. Al final, ¡toda su inteligencia y sus investigaciones le mostraron que Jesús había resucitado de entre los muertos! Y aceptó a Cristo como su Salvador.
Confiar en Jesús no requiere que dejes tu cerebro a un lado. En realidad, demanda que lo uses más que nunca hasta estar completamente convencido de tu fe: “Porque no me avergüenzo del evangelio; pues es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primero y también al griego” (Romanos 1:16).
PARA DIALOGAR: ¿Crees que tienes que dejar tu cerebro a un lado cuando aceptas a Jesús como tu Salvador? ¿Por qué sí o por qué no?
PARA ORAR: Señor, utiliza nuestra mente para ayudarnos a comprenderte a ti y tus buenas nuevas.
PARA HACER: ¿Tienes alguna pregunta que te molesta en relación con tu fe? ¡Busca hoy en la Biblia para encontrar la respuesta!


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