Ni demasiado ni poco


Tiempo de lectura: 3 min

Lectura bíblica: 1 Corintios 12:14-27
Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros suyos individualmente.
1 Corintios 12:27
Supón que llegas con tu familia, un viernes a la noche, a un restaurante que tiene todo lo que puedas comer por un precio fijo. ¿Cómo te sentirías después de que te serviste? Vota lo que más se parecería a ti.
(a) Vuelvo a casa empachado porque me comí todo lo que había a la vista, y después hasta aspiré hondo para llevarme el olorcito a comida.
(b) Vuelvo a casa con hambre porque me serví unas cucharaditas chiquitas, aun de mis platos favoritos. Me da miedo servirme más por temor a que después no alcance la comida para todos.
(c) Vuelvo a casa satisfecho, y queda bastante comida para todos los demás que comerán después.
¿Sabes que tienes las mismas tres opciones cuando de demostrar amor se trata? Piénsalo:
(a) Puedes amarte tanto que no te queda nada de amor para nadie más en el mundo.
(b) Puedes privarte de amor por ti mismo hasta marchitarte.
(c) Puedes aprender a amar apropiadamente a tu prójimo como te amas a ti mismo.
En 1 Corintios 12 Pablo dijo que, como cristianos, tenemos algo aún más vital que el alimento para compartir unos con otros. Explicó que el Espíritu Santo puso dentro de cada uno de nosotros dones para servir a otros. No sólo eso, sino que también nos capacita a cada uno con los dones exactos que quiere que tengamos. Nos ha hecho como un cuerpo, cada persona es una parte del cuerpo. Ya sea que tengamos las habilidades de un ojo, un oído o un pie, nuestra meta es apreciar, desarrollar y poner en práctica las habilidades que Dios nos dio para bien del resto del cuerpo, o sea la iglesia.
¿Te das cuenta de que ese tipo de amor propio no es egoísta? Si te amas demasiado, te guardarás tu don para ti exclusivamente. Si te amas demasiado poco, no creerás que puedes ser de ayuda a nadie. Pero cuando te amas a ti mismo correctamente, ¡tienes una opinión lo suficientemente buena de ti mismo como para poner en práctica esa serie de dones únicos para bien de otros!
PARA DIALOGAR: ¿Te parece que te amas demasiado —o demasiado poco— o en la medida justa? El hecho de amarte a ti mismo, ¿de qué manera te ayuda a amar a otros?
PARA ORAR: Señor, ayúdanos a amarnos a nosotros mismos en la medida justa, ¡a fin de poder usar nuestros dones para bien de otros!
PARA HACER: Respétate a ti mismo: ¡Usa tus dones para tener hoy un impacto sobre la vida de alguien!


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