La realidad acerca de lo bueno y lo malo


Tiempo de lectura: 3 min

Lectura bíblica: Proverbios 16:25
Hay un camino que al hombre le parece derecho, pero que al final es camino de muerte. Proverbios 16:25
Es un sábado a la mañana a mediados de octubre. Tienes unas ganas locas de jugar al fútbol. Te juntas con otros chicos y se van con la pelota al terreno baldío donde siempre juegan. Todos saben las reglas. Pero cada vez que te pasan la pelota, un defensor del equipo contrario te da un empujón y te quita la pelota. ¡Empujar está en contra de los reglamentos! Todos lo saben y las siguen.
Todos menos Brutito, tu vecino. Él juega de acuerdo con sus propias reglas. Para Brutito los empujones, codazos y zancadillas están dentro de las reglas.
¿No te da rabia cuando alguien cambia las reglas del juego?
Ahora bien, es posible que opines que Brutito no es más que un tramposo cuando juega al fútbol. Pero si toma su actitud y la aplica al resto de su vida, es más que un tramposo. Es lo que llamamos un relativista. Y su actitud se llama relativismo.
Relativismo no tiene nada que ver con tus relaciones. Es un modo de ver la vida que mantiene que lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo cambian constantemente. Nadie: ni tus padres, ni tus maestros, ni un libro santo como la Biblia, tiene derecho a determinar lo que es bueno y lo que es malo.
Relativismo es una actitud que dice:

  • Las reglas de Dios sirven para arruinar mi diversión.
  • Las reglas de Dios no se aplican a mí.
  • Puedo crear mis propias reglas.

Eso es totalmente opuesto a la actitud de la Biblia:

  • Las reglas de Dios son para mi bien.
  • Las reglas de Dios se aplican a todos los tiempos, a todas partes y a todas las personas.
  • Solamente Dios hace las reglas.

Cuando cada uno individualmente comienza a determinar lo bueno y lo malo, la vida termina siendo como ese caótico partido de fútbol. ¿No te parece magnífico que Dios nos dio mandatos que no cambian, no reglas que alguien puede cambiar para beneficiarse a sí mismo y perjudicar a los demás?
PARA DIALOGAR: ¿Cómo te sientes cuando estás jugando un partido y tus contrincantes ignoran las reglas? ¿Y cuando lo hacen tus compañeros de equipo? ¿Por qué te da Dios reglas para obedecer en tu diario vivir?
PARA ORAR: Padre, ayúdanos a acercarnos más y más a ti para poder conocer tus mandatos permanentes para nuestra vida.
PARA HACER: Piensa en una regla o un mandato de Dios que habitualmente has ignorado. Haz hoy un esfuerzo por vivir cumpliendo esa regla.


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