Cuando las autoridades chocan


Tiempo de lectura: 3 min

Lectura bíblica: Tito 3:1, 2
Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y a las autoridades. Tito 3:1
Fíjate en estos comentarios. ¿Cuáles se te escapan con más facilidad?
“Estoy contento de que el policía me vio tirando globos de agua a los autos que pasan”.
“Qué suerte que mamá se dio cuenta de que estaba amontonando todas mis cosas debajo de la cama en lugar de ordenar mi cuarto”.
“Estoy realmente agradecido porque me pescaron copiando en el examen de matemáticas”. “Me encanta que mamá me haga comer brócoli”.
“Ojalá el director del colegio me mandara llamar para castigarme y hacerme quedar en la Dirección después de hora”.
La mayoría nos sentimos incómodos cuando alguien que tiene autoridad sobre nosotros pone una regla que estamos obligados a seguir, o cuando nos pescan haciendo algo que no debemos hacer. Pero tenemos que admitir que las autoridades —personas como agentes policiales, directores de escuelas, padres y maestros— por lo general hacen las cosas para nuestro bien.
Toma este ejemplo: Cuando eras chiquito, tus padres sabían que sería una locura darte todo lo que querías. Querías pastel y helado en todas las comidas. Te querías tragar todas las medicinas que había en el botiquín. Te negabas a abrochate el cinturón de seguridad. Y a lo mejor insistías en que querías jugar con los cuchillos. Tus padres no te querían menos por tener que negarte todos estos deseos y obligarte a someterte a lo que te ordenaban. Ya sea que lo comprendieras o no, estaban cuidado tus intereses.
La Biblia te desafía a que, como creyente, muestres amor por los líderes sometiéndote a su autori- dad, sea ese líder la cabeza de tu hogar o el presidente de tu país. Pedro escribió: “Estad sujetos a toda institución humana por causa del Señor, ya sea al rey como quien ejerce soberanía, o a los gobernantes como quienes han sido enviados por él” (1 Pedro 2:13, 14a).
El mandato de Dios de obedecer a las autoridades no es para causarte infelicidad. Pablo escribió: “Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien y vivas largo tiempo sobre la tierra” (Efesios 6:2, 3).
Hacernos bien es una promesa que Dios parece cumplir no sólo cuando obedecemos a nuestros padres, sino cada vez que nos sometemos a las autoridades que él ha puesto sobre nosotros. ¡Puedes contar con eso!
PARA DIALOGAR: Padres, ¿pueden recordar una ocasión cuando haber obedecido a una autoridad fue provechoso, quizá inesperadamente? ¿Qué opinaban de lo que eran obligados a hacer? ¿Cómo los benefició obedecer?
PARA ORAR: Señor, fortalécenos para tomar las decisiones acertadas, especialmente de obedecer a las autoridades que has puesto sobre nosotros para protegernos.
PARA HACER: ¿Te estás rebelado contra alguna autoridad en algún aspecto de tu vida? ¡Toma hoy los pasos para obedecer!


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