Ayer, hoy y siempre


Tiempo de lectura: 3 min

Lectura bíblica: 1 Pedro 1:21-25
La hierba se seca, y la flor se cae; pero la palabra del Señor permanece para siempre. 1 Pedro 1:24, 25
Norma se acercó a su mamá para mostrarle una foto que le parecía ciencia-ficción. Era de una chica de más o menos su edad, extendiendo sus brazos alrededor de un árbol sequoia, uno de los más grandes del mundo. La niña parecía pequeña como una hormiga al lado del gigantesco tronco.
Su mamá miró la foto y empezó a sacar cuentas.
—Se necesitarían treinta chicas de tu tamaño para rodear del tronco y treinta, una encima de la otra, para alcanzar la punta del árbol. Tu libro dice que ese árbol tiene casi 4.000 años. Es posible que sea uno de los seres vivientes más antiguos del mundo.
Todos hemos visto al pasto que se reseca por el calor del verano. Las otras plantas en tu casa quizá tengan pocos años, o varias décadas. No obstante, lo más probable es que se mueran antes que tú, o que se hayan puesto viejas y feas o que las hayan comido los bichos o se las haya llevado el viento. El bosque de sequoias gigantes parece eterno.
Pero aun la larga vida de estos grandes árboles no es nada en comparación con el tiempo que ha existido la Palabra de Dios. De hecho, la Palabra de Dios es la cosa más antigua que conocemos. Y durará más que ninguna otra cosa.
¿Cómo lo sabemos? Dice la Biblia: “En el principio era el Verbo” (Juan 1:1). La Palabra viva, el Verbo de Dios ha existido antes que ninguna otra cosa. Es cierto que la Palabra escrita de Dios ha existido sólo desde que apareció la Biblia hace varios miles de años en forma de rollos. Pero la Palabra, el Verbo viviente de Dios ha existido siempre, porque Jesucristo es “el Verbo” que siempre ha existido. Y no sólo es que Dios y su Verbo no han tenido principio, sino que tampoco tendrán un final. Como dice el versículo bíblico de hoy: “La palabra de Señor permanece para siempre” (1 Pedro 1:25).
Lo cierto es que aunque le pases tu Biblia a tus nietos algún día, ese libro tarde o temprano se gastará y se convertirá en polvo. Pero el mensaje escrito en esas páginas —las buenas nuevas de Cristo— seguirá existiendo después del final del tiempo. Como Dios mismo, su Palabra es eterna.
La Palabra de Dios estaba cambiando personas y sanando el corazón de muchos miles de años antes de que nacieras, y seguirá aquí mucho tiempo después que dejes el planeta Tierra. Dios nos ha dado su Palabra, y ella siempre será la respuesta acertada para los grandes interrogantes de la vida.
PARA DIALOGAR: Dios te ama tanto que se aseguró de que tuvieras hoy su Palabra. ¿Cómo te hace sentir esto?
PARA ORAR: Cuéntale a Dios de qué manera quieres responder a su Palabra eterna.
PARA HACER: Haz que el versículo bíblico de hoy permanezca en tu mente. ¡Memorízalo!


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